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explicármelo, estoy seguro de que hasta ahora es imposible provocar artificialmente la amnesia sin que la acompañe de una manera fatal é indefectible la pérdida de esa otra preciosa facultad descubierta y estudiada por los psicólogos del siglo xxi, y á la que dieron el nombre de helpia, quees, como sabéis, la facultad de concebir esperanzas ó, como se decía allá en el remoto siglo xix, de forjarse ilusiones. Hoy día, el adelanto de la cultura científica es tan grande, que ningún hombre civilizado se forja ilusiones. En cambio, todos vivimos sujetos á la esperanza, y en cuantos coloquios se han sostenido aquí durante muchos años, he podido observar que no haíiia ningún hombre que de esta ley lograra eximirse. La amnesia- -he logrado comprobarlo en cien casos, experimentando sobre enfermos de otras dolencias- -trae consigo siempre la anhdpía. Abolimos el recuerdo, y al propio tiempo suprimimos la esperanza. Esto depende de que localizamos una y otra función en dos centros de tal manera próximos y relacionados, que no parecen sino uno mismo que obra y reobra de suerte, que lo que en el uno es acción, es reacción inmediata en el otro. El doctor hizo una pausa, bebió un gran trago de stout ó cerveza negra, reencendió la pipa, que se l e había apagado. En la negrura de la atmósfera, la nube de humo parecía casi blanca. Euego prosiguió: -Pero este descubrimiento sería casi inútil y dañoso si se limitase á suprimir la memoria y la fudpia ó facultad de esperar, y á suprimirlas radicalmente para toda la vida. Esto lo conseguía yo primeramente en los locos, mediante una acción mecánica sobre el cráneo; una simple corriente eléctrica intracerebral bastaba para dejarles amne sicos y anhelpicos, lo cual para un loco de remate no era grave perjuicio. Un día, después de muchas vacilaciones, ensayé el sistema en un individuo sano, simplemente neurótico, que habían llevado al manicomio por equivocación. Eo hice con precauciones infinitas, gradualmente, haciendo que al pasar la corriente al través del cerebro, llevase un medicamento balsámico y tónico al par. Convenientemente hipnotizado el individuo, le sujeté al experimento. Creí volverme j o loco de alegría; el individuo aquel era feliz, absolutamente feliz viviendo sólo el inestable momento presente, sin recuerdos y sin esperanzas. La felicidad se le conocía en el reposo absoluto y beatífico de las facciones, en el renunciamiento á toda acción; era como el éxtasis de un morfinómano, pero sin desgaste nervioso ni cerebral. Aquello duró hora y media. Después una gran agitación recorrió el cuerpo del individuo; se le veía el esfuerzo para salir del limbo del presente y volver al infierno del pasado ó al paraíso del porvenir; paré la corriente; el individuo. no diré que despertó, porque no había dormido, pero recobró su personalidad en el tiempo y me dio infinitas gracias. Hoj está curado de la neurosis, pero cada cinco ó seis días viene á casa para gozar el placer delpresciitc durante lina hora. Y yo os invito, señores, pues en ello no hay riesgo alguno, á que experimentéis por y más sano de cuantos pueden g ozarse eti el mundo: vivir una hora sin recuerdos y sin esperanzas. En ese tiempo se reconstituye la personalidad, s e fortalece el cerebro, se facilita todo cuanto nos parecía difícil y amargo. Dicho esto, el doctor formó una lista, pues todos los presentes querían hacer la competencia. LRMA: ALMA VAGABUNDA D I B U J O S DE MÉKDEZ BKINGA (N Ú M E R O 4 0 DE N U E S T R O CONCURSO D E C U E N T O S F A N T Á S T I C O S)