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Fábregas, Ligia en el reparto de la obra. Cinco ó- -Pues, nada; á los mandatos de San Luis conseis Ursos pasaron por el teatro antes de que la testan suprimiendo los billetes de favor; ya que empresa diera con el Urso definitivo. Unos vieron las funciones hayan de concluir antes de las doce á la señora Fábregas, é hicieron modestamente y media de la noche, que se queden sin ir al teamutis por el foro romano; otros se confesaron en tro los atnigos de la empresa y los amigos de los la prueba. ¡No es tan fácil como parece hallar amigos de esos amigos. ¡Guerra sin cuartel al tiun oso! fus! Desde ahora, las salas de los teatros madrile- ¿Un oso en Madrid? ¡Pues si los hay hasta en ños van todas á ostentar patente limpia. ¡Qué gusel escudo de armas de la villa! to, codearse siempre en ellas con gente capaz de- -Habrán degenerado. aceptar la responsabilidad de sus actos! ¡Los tres- -De todos modos, es cosa de felicitar al señor ó cuatro que ven, los pagan! Cardona. A pesar de la gran hermosura de su espo- -Pues, mira, lo siento muchísimo por las chisa, no había en Madrid quien le hiciera el Urso. cas de Alfónsez. Las pobrecitas, tan buenas como Te digo que el caso es verdaderamente extraordi- son y hasta guapa la más pequeña, no pueden nario, ¡por el hijo de Maya! permitirse el lujo de comprar localidades, y acu- -Adiós, j a te salieron romanos los sandieicks! den siempre á caza del vale de favor. Un vale es ¿Ves? Es inútil intentar sustraerse al nredio am- para ellas el sueño de muchas noches de aburrilaiente. Si ahora mismo vinieran á decirme que el miento y desgana de la vida. Para alegrarlas un general Azcárraga había pasado el Manzanares y poco la existencia, me ha contado Paquito que, al se dirigía decidido á las Cortes, lejos de dudarlo, despedirse de ellas, no les dice ¡Adiós! sino ¡Varecordaría al punto las proféticas palabras que, le! Y como ellas hay muchísimas familias en Maadivinando sus ambiciosos propósitos, pronunció drid, incluso con títulos de nobleza, que no ven el Sila: ¡Desconfiad de ese joven qUe lleva siempre teati o sino por la puerta falsa de la contaduría. Es el cinturon flojo! Aparte de eso, con el hambre una crueldad el concluir con ese simpático tiftís, en las calles y los teatros rebosando gente lujosa y que no concurre á los teatros pagando porque no satisfecha, nada tenemos que envidiar á la Roma puede, no porque no quiere. El teatro es para tade Nerón y de sus sucesores en el Imperio, á la les personas la única distracción, el único deleite Roma famélica que esperaba ansiosa un cargade la vida. No les es dable asistir á recepciones y mento de harina, y al precipitarse sobre él para fiestas por la escasez ó antigüedad del guardarrorepartírselo, se encontró con que la codiciada ha- pa; sus relaciones les van poco á poco abandorina era una tierra polvorosa y especial con la nando. En el hogar sólo hallan estrechez; en la que se cubría el suelo del Circo para facilitar la existencia, desilusiones. Ya ves tú, la menor de lucha de los gladiadores. Pero basta de erudición las Alfónsez, á pesar de ser guapa, no tiene niás barata, que disuena mucho de los manjares apeti- que novios de cjuince días, como si fueran blasfetosos y caros de esta casa; ¿cuántos emparedados mos. En cuanto se enteran de la situación pecuhas tomado? niai ia de la mamá, se mudan. Pues bien; todos esos novios, aun siendo tan efímeros, los ha pes- -Creo que nueve, ¡un horror! ¡Caramba, y comiéndolos de pie! Si llega á cado en el teatro; es su estanque de la Casa de Campo. Si le arrebatan la licencia para pescar, poner Agustín Uhardy triclinios en su estableci ¿qué le queda? ¡Tragarse la caña y nrorir! miento... ¡Merecías ser ministro de Azcárraga! -Yo, ¿por qué? -Tienes razón; conociendo íntimamente la so- -Porque son de los que no se sientan siquiera ciedad madrileña, se comprende que la decisión para saborear el presupuesto. Comen lo mismo de las empresas teatrales es una puñalada trapera que ttí, de pie y á escape. ¡Infelices, si se descui- á gente muy simpática por su pobreza inmerecida. dan un poco les van, á quitar hasta el palco del Algunos gorrones caerán, ¡pero cuántos desgraReal, único sitio en que se lucen algún tanto y ciados! Siquiera en Roma los espectáculos eran pueden recrearse viendo á su colega, el novio- de gratuitos, y j- a que á los madrileños les alcance Lncial su hambre, que les llegue también su libre diver- ¿Quitarles el palco del Real? ¡Ah, ya! ¿Por- sión. ¡Pan y juegos del circo! Vamonos, si te parece. que llevaban ministras? -No, mujer; porque las empresas teatrales, in- -Vamonos. comodadas con la severidad del conde de San- ¡Ah, espera un momento, que nos marchábaLuis, que ampara el ministro de la (jobernación mos sin pagar! ¡Qué cara hubiese puesto Pepe, y á ellas les lesiona en sus intereses, han decidido coronado de rosas! concluir con el tifus. ¡Dios te bendiga por el recuerdo! Con tantos- -Trabajo les mando; todavía dura el exante- emparedados como he comido, y j- éndonos d e mático y hay más de ochenta enfermos en el hos- tifus. ¡No quiero ni pensarlo; esta misma noche te pital del Cerro del Pimiento. quedabas viudo! Josií DE ROURE D I B U J O S riE MÉNlJEZ líHlNGA