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s u NOMBRE ípSTíN Eu nombre cifré toda mi vida: sA ilusiones, amor, penas, consuelos. Cuando quise pintarle mis anhelos, dije su nombre y me entendió en seguida. Cuando yo la llamé por vez primera, nunca amó tanto á una mujer un hombre. Cuando en el alma hirióme traicionera, por toda maldición dije su nombre. Desde el amargo, inolvidable día en que el nombre adorado se hizo odioso, por toda prevención de mi reposo iQue no la nombren ante mí! decía. Y nadie en mi presencia la nombraba, pero su nombre en mi interior sonaba como una inextinguible melodía. Sólo en mi corazón su nombre oía. Su nombre daba resplandor de estrella y era aroma do flor embriagadora. Quien se Uamai- a cual se llama ella sería una mujer usurpadora. Una vez- -varios años de martirio pasados iban sin que el nombre oyera, acompañado ui de mi delirio vagando por alegre carretera. ¡Ah! ¡Cuál efre ca y dcsabruma el alma largo paseo de silencio y calma! Ya entrando en la ciudad, turbó el paseo eco de risa que niñez revela, tropezando conmigo en su aleteo las niñas que salían de la escuela. Por entre ellas crucé, ¡Qué atropelladas sus frases, y sus risas qué sonoras! Estas niñas, me dije, hoy tan sagradas, serán mujeres y serán traidoras. Quise huir; donde reina ¡a inocencia, es siempre huésped importuno el hombre. De súbito, una niña, con vehemencia, á otra niña llamó. ¡Sonó aquel nombre! No sé lo que sentí. Volvíme airado. De las niñas turbé ¡as risas locas. ¡Me pareció aquel nombre profanado, aunque sonara en infantiles bocas! Encarándome al fin con la nombrada, vi en ella copia de la faz arñada, compendio de mis penas y placeres. ¡La juzgué, aun siendo niña, abominable, de todas las infamias responsable cometidas por todas las mujeres! Pero había en el nombre tal encanto y era en mi corazón tan grave peso, que alcé a l a niña y, tras de darle un beso, seguí el camino reprimiendo el llanto. Hoy, de otro amor mi voluntad esclava, en mí fué todo aquello flor de un día. ¡Ya ni recuerdo cómo se Uam; a! ¡Y, si oyera su nombre, aún temblaría! RICARDO, J. C A T A R I N E Ü DIBUJO DE MEDINA VERA