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LEYEIit A -bt- LA 7- fLül? t T, acUnn os unít ílorccíta í iic todns lipiiiofí visto en la? sicnibra. s y piirticiilnmiente en los tní; Ds. i oro IHS flores, comn las pcrfiotías y los libTíJ- s, tienen S JS Imdos, y el aciainiH á quien n. iilie ha oninpnratlo con In viuleEa, es muoho más modesta y más híniitn flor. Casi no tiene nombre c o n o d d o Los c a m p e ó n o s la llani. in escobeta ú escobilla aiíul. J. os ciudadanos n o sabemos cómo Humarla. Las modistas íle sotiibrcTos, q u e usat: y á veces abusan d e ella, la llaman f fN f. No ba i n v e n t a d o la Naturaleza u a azul rnáa elegante que el azul dol aciano. V sin emijarjio, píim pintores h a n s a b i d o pintarle; porque es un a nl absolutamente txt- nlo de brillo, t s un n ul aristocrático en el t ne n o h; iy ni un átomo d e plebevez, Sabéis f uién ln ¿eí pintor q u e a m ó esta floredlla y la puso en s u s cuad r o s l- ué el pintor de ía I rimavera. el padre líolticclli, -Conocéis la leyend: d e esta ílorecilla azul? Os la c o n t a r é en dos palabras: Kl caballero FílÓR íno estaba e n a m o r a d o d e la princesa Clisoílora. Hila le dcpdcílaba, eomo á lodos cuantos caballeros la habían pretenditio. Filó; í ¡no ardía, Clisodora era altiva como u n a p a r z a real. Un día, el caballero perseguía á la princesa, i m p o r t u n á n d o l a con s u s súplicas- Clisoílora corría riendo, sin volver la cvibeza. Hilógino. e i a l l í i d o ofrecía sacrificios b e r r e n d o s á cambio d e u u a m i r a d a benévola, Clisodora Rorjeaba risas aleí res. Kntrárnnse por un Irípo d o r a d o que al sol nrcnlc benucjeaba. Vili Rino cogió uii escorpión, y la bestia venenosa le clavó su rejo en la mano de d o n d e brotó la sauírre. Clisodora volvió la cabe a. I, a s a n g r e del caballero enrojecía la armad vira. K u t ü u c t s la princesa cojíió u n a hoja de ortiga v se restregó la mano, íjue era eomo d e cristal t r a n s p a r c n i e L u e g o la sncuoíó en torno suyo y las florecillas silvestres se empaparon d e su s a n g r e y se t o m a r o n en esas bonitas flores q u e aciano se llaman. I orque la san; jre d e la princesa era azul, de un azul mate, fino, más bello q u e el de los cielos. Kl caballero miró su s a n g r e roja, comprendió q u e jamás le amaría la princesa, y r a s g a n d o la cota, se clavó t i escorpión eu el pecho. La princesa buvó. sin cesar d e reír. Murió el caballero. Las bonitas flores azules seguían rí endo en el sembrado. F I l I h U J l t TkK V A H G L A I