Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
con terribles caracteres, y, efectivamente, el ham- rencias, se han concluido en España, de imitar vebre ha ocasionado conflictos populares en diver- rosímilmente á alguno de los personajes inmortasas ciudades españolas. Aquí en Madrid hemos les de la obra, tendremos c ue imitar al excelente estado á punto de sufrir una grave crisis alimen- Sancho Panza (3 no creo que á ello se oponga el ticia, y aunque el asunto parece arreglado, no Presidente del Consejo) ¿Me negarás que el jiíamhemos conseguido saber quiénes eran los causan- bre era la eterna compañera del desgraciado escutes del conflicto, si los asentadores, el arrendata- dero? Pues si no podemos ser ya desfacedores de rio de consumos ó nuestros ediles; pero los pri- entuertos ni enamorados de lo ideal como D. Quimeros retiraban ya sus depósitos de patatas de jote, seamos hambrientos como Sancho, acredilos Mercados, y malo es que las patatas vayan -tando de este modo que la raza tan maravillosavengan, porque eso concluye siempre en que su- mente descrita por el prodigioso escritor no ha peba su precio. En fin, que aunque comemos toda- recido en España, puesto que aún tiene hambre. vía, no tenemos los españoles el alimento muy- -En triste fundamento hallas tú el testimonio seguro, y me parece que por lo que pueda tronar, de la vitalidad de una raza. Será cosa de aconsedeberías tú hacer provisiones de artículos de pri- jar a l a marquesa de Squilache que reproduzca en mera necesidad, casi tan al por mayor como la su fiesta cervantina las bodas de Camacho, para marquesa de brillantes. que siquiera coman un día los infinitos Sanchos- ¿Serán buenos todos? de España. ¡Qué preguntas tienes! Los artículos de pri- -Si tal hiciese la Squilache, los salones del pamera necesidad se falsifican de una manera es- lacio que habita serían asaltados por una multipantosa. tud cuya cola llegaría hasta por debajo del Via- ¡Pero, hombre, si te hablaba de los brillantes! ducto. Grande es su fortuna, pero no la juzgo- -Pues les su- cede exactamente lo mismo que á suficiente, ni mucho menos, para reproducir los artículos de primera necesidad. unas bodas de Camacho como las que hoy nece- ¡Qué lástima de vida! Después de haber oído sita España. ¡Ay! ese Camacho, ese Camacho de versos tan hermosos como los que acaban de de- los hartazgos nacionales, ¿dónde estará? Uno obtucir María Guerrero convertida en Andrónica, y Díaz vimos, bastante buen hacendista, pero no pasó de de Mendoza en su papel de emperador Nicéforo, desdoTslarnos la servilleta. ¡Qué gran número para es un verdadero atentado á la santa y sublime el programa de las fiestas cervantinas la aparición poesía el ponernos á hablar durante el entreacto de Camacho el rico! De todas las demás aventude asentadores, de patatas y demás materias viles. ras sanchopancescas, vapuleos, pedreas y mantea- -Y mira tú el extraño encadenamiento de las mientos, tenemos renovadas señales en nuestros cosas. Nuestra conversación respecto á las pata- cuerpos. ¡Sólo esa pingüe y feliz comilona no llega tas ha tenido por caúsala explosión de brillantes nunca! Pero, en fin, ya suenan los timbres. Van á de la marquesa. Desde esas valiosísimas piedras levantar el telón; volvamos á las cercanías de preciosas hemos ido en rápido zig- zag á los hu- Bizancio. mildes tubérculos. El estómago nos tira actual- -Tu hambrona conversación me ha hecho bosmente á los españoles, y cuando queremos delei- tezar de una manera horrible. tarnos con la contemplación de los esplendores y- -Pues ya sabes que eso es contagioso. No boslas riquezas acumuladas en esta sala, ¡zas! nos da teces de cara al público, ó se irá reproduciendo tu un tironcito y nos hace volver la cabeza hacia los bostezo de boca en boca, y bostezará la marquesa sótanos de la plaza de la Cebada. Pero yo tengo en con todos sus brillantes. esto mi teoría, y lejos de creer que el problema de- ¿La crees á ella también capaz... las subsiístencias se encuentra ahora en su período- -No, seguramente se alimentará muy bien; su más agudo, creo que los españoles nos estamos escote lo atestigua; pero aun los españoles persopreparando dignamente, aunque sin darnos cuenta nalmente mejor alimentados, tenemos hambre de ello, para las fiestas del centenario del Quijote. atrasada, hambre hereditaria. ¿Cómo? ¡Donosa ocurrencia! -Cállate, eres atroz. Oye en silencio esos lin- -Verás, mujer: tú ya sabes por el testimonio dísimos versos. ¡Qué bien suena nuestro idioma, del autor de El loco de la guardilla bien manejado! ¡Qué rotundidad, qué robustez la que Cervantes no cenó, suya! cuando concluyó el Quijote. -Sí, es un instrumento maravilloso; con él se No sé qué menos podremos hacer los españoles, forman los versos más sonoros y los bostezos más al festejar el tercer centenario de la publicación formidables. Oigamos las maravillas poéticas de de tan soberano libro, que abstenernos de comer Andrónica, olvidándonos de la cuestión de las suby de cenar en honor del maravilloso manco. Apar- sistencias, y seremos por esta noche, como desea te de esto, como los Quijotes, según todas las refe- el autor, completamente bizantinos. DIBUJ 03 DE MÉNDEZ BRIXGA J O S É DE R O U R E J. íl X I S h