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AÑO XV MADEID, 21 DE BNEEO DE 1905 y ¡VM: 716 f 4 m. a ií DIÁLOGOS CONYUGALES NOCHE DE MODA SPLÉNDIDA viene esta nocliela marquesa! ¡Y con qué oportunidad entra en su palco! Parece que se lo avisan para liacer volver la cabeza á todo el mundo. ¡Vaya un abrigo rico y elegante! -Pues espérate que se lo quite, y verás aparecer piedras preciosas. El mostrador de una joyería. -Hasta con estuches y todo. ¡Ea! ya se decide á despojarse del abrigo. ¡Jesús! ¡Esa mujer marea! ¿Pero cómo se atreve á salir de casa sin un alambrado, como los escaparates de los joyeros? ¡Qué imprudencia más grande! ¡Trae encima las reservas del Banco! ¡Cualquiera diría, viendo tales tesoros, que estábamos en una ciudad donde no se come! ¿Que no se come en Madrid? Esas son habladurías de algunos periódicos populacheros. No diré yo que todos los madrileños coman perdices ó faisanes, pero su buen cocidito á nadie le falta. EN EL ESPAÑOL ¿Cómo sería posible en ima ciudad de hambrientos ver un teatro tan brillante como éste? El lujo de la sala deslumhra; miras al escenario, y te hartas de esplendores bizantinos. Hasta. la marquesa parece hoy algo bizantina. Pues el Real, en turno segundo, semeja una ascua de oro; y los demás teatros, en sus respectivas noches de moda, nada tienen que envidiar á la sala que ahora vemos. -Bueno, ya me figuro yo que todas esas señoras y todos esos caballeros que están en el teatro comerán todos los días hasta con gula, y también imagino que el público de los demás teatros no se irá en ayunas á presenciar la función; pero eso querrá decir que en Madrid h a y unos cuantos miles de personas (pocos miles) que comen bien antes de divertirse. Pero ¿y los demás madrileños? ¿No puede muy bien suceder que ni coman ni se diviertan? Yo leo en los periódicos todos los días que el problema de las subsistencias se presenta