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Se trata nada raenos que ael famoso TI T j A; I- Popocatepeíl, de Me; ico, que está en actividad desde que comenzó á llevarse la moda de los volcanes en el globo terráqueo. La profesión de propietario de volcanes nos parece que nada tiene de vulgar. Como que nosotros no sabemos de nadie que ¡a ejerza, salvo e! general mejicano S r Sánchez Ocnoa a qt- pe tenece el Pop caieoetl, según nos comunica una re ista norteamericana. Parece que este- -f inmueble, nada córyK, r modo por cierto, pertenecía antes al Estado, quien se lo regaló al general en premio á sus e m i n e n t e s servicios. Un poco incon 1 ÍÍ Í gruente se nos antoja el regalo, á menos que el geñera sea de artillería. En este caso aunque remota, se ve alguna relación entre el obsequio y el favorecido. Lo cierto es que un volcán, considerado como finca, p r o duce escasísima renta, sobre todo cuando se entrega á la holganza. H e aquí por qué el general Sánchez Ochoa (si existe y no es, como suponemos, una ligera alucinación de la mente yanqui) estaba hondamente preocupado. porque su volcán no pifaba, quiere decirse, que no arrojaba llamas ni materias inflamables hace años. P o r fortuna, ahora se le han hinchado las narices, como se dice vulgarmente, y, merced á varios felices ensayos de erupción, el precio del volcán en actividad ha subido, y el conocido millonario americano M r Rockefeller está en tratos para comprarle. El general mejicano pide por su volcán cinco millones de dolTars, y tiene muchas esperanzas de que Rockefeller caiga en la tentación. l T- T i Axr Aun cuando el hecho está comprobado L DRAGÓN c cientincamente, no es tan vulgar que no merezca consignarse, siquiera ceda en desprestigio de la fantasía mitológica de la humanidad. Se creía que los dragones eran un invento de la imaginación oriental, y el hecho de que China tuviese en su escudo nacional un dragón, confirmó á muchos en la creencia de que se trataba de un animal heráldico, puramente imaginativo y fantasmagórico. Los adelantos de la Paleontología demostraron, no obstante, la existencia de enormes caimanes alados, como el Pierodaciylus cressirbsíris, en los tiempos prehistóricos. T e rrible fiera debía de ser aquel cocodrilo con alas fuertísimas de dos ó tres metros de longitud! Sin duda, á ese espantoso bicho se refieren los romances de la famosa corrupia que hacen las delicias de niñeras, nodrizas y soldados en la Plaza M a y o r y por ah! n- r i i r í 1 I I N VOLCAN U gjv V F N T A E T Afortunadamente para nosotros en este caso, todo deoenera, y tal ha sucedido con los dragones prehistóricos, cuyos únicos descendientes actuales son ios lagartos alados, que en gran número existen en la India inglesa, en Indochina y en los archipiélagos asiáticos y oceánicos. Estos lagartos, que son de tamaño natural, varaos, como los simpáticos reptiles que todos conocemos, poseen unos repliegues cutáneos protegidos por nervuras que son como prolongaciones de las costillas inferiores. Esas alas membranosas no puede afirmarse que les sirvan para volar, sino que ios lagartos alados las aprovechan, como paracaídas. El lagarto alado da unos saltos prodigiosos de ocho á diez me- tros de extensión, y en el momento de saltar despliega las nervuras de las alas como quien abre un paraguas... y se deja caer al suelo suavemente y sin peligro alguno. De esta manera se defiende de las aves de rapiña, que le hacen la guerra constantemente, y al propio tiempo se halla en admirables condiciones para cazar, porque es de advertir ¡oh decadencia de las razas! que el terrible dragón del siglo X se alimenta sólo de mosquitos, orugas y lombrices. X IZTl O R I C F N D F batuta que usan hoy todos los di 1 A R A T I I T A rectores de orquesta es un invento relativamento moderno. Antes de! siglo de Luis X I V según puede verse en cuadros y dibujos, para dirigir la orquesta marcaba el compás el director dando patadas en el suelo, ó palmeteando con ambas manos, ó con la diestra en el papel. También había q u i e n usaba dos conchas á m a n e r a de castañuelas. El famoso composit o r italiano Lulli, que hizo las delicias de los cortesanos del rey Sol, concibió la idea de dirigir golpeando á compás en el suelo con una vara de dos metros de largo. Un día, entusiasmado al dirigir un crescendo, Lulli se dio tal golpe en un pie, que se causó una grave herida. El pie se le gang r e n ó y á consecuencia de ello murió Lulli. Desde entonces la batuta fué reduciéndose, hasta llegar á las modestas proporciones que tiene en la actualidad. R I B U N A L E S institución recicntísimamcnte P A R A N I Ñ O S establecida en e! Estado de Nueva York, La delincuencia infantil alcanza allí tales proporciones, que en el pasado año han comparecido ante los Tribunales 7.647 niños acusados de varios delitos y faltas. N o parece probable que sea buen juez de los delitos de un niño el mismo que juzga los de los hombres, cuya mentalidad y cuyas pasiones son tan diferentes de las propias de la primera edad. P o r eso- -escribe en la Tiorth Jlmerican 1 eviev) el penalista Ernest Coulter, -e! legislador y el sociólogo, de acuerdo, deben resolver tan grave problema, pues si el hambre es la causa de muchos delitos entre los adultos, aún m a y o r e s la proporción de criminales hambrientos entre los niños y adolescentes. SPECTATOR