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EiPAD Hace un ano que el maravi, 3 descubWdor Nicolás Tesla publicó esta originalísjma y valiente circular, que desde su laboratorio de Long Island (NL íva York) repartió profusamente por el mundo: Deseo hacer notoi- io que, conseguida la adopción comercial de mis inventos, podré conseguir grandes l) eneiicios para la cultura general de ingenieros y electricistas. Confío que en un próximo porvenir llegaremos á modificaciones revolucionarias en los sistemas de producción: transformación y modificación de la energía para todas las artes é industrias, medios de transporte y de iluminación, fabricación de productos químicos, teléfono, telégrafo, etc. Estas conquistas derivarán de laxUniversal adopción de las corrientes eléctricas de alta tensión y de alta frecuencia, y del uso del nuevo procedimiento de refrigeración á bajísimas temperaturas. Con tan nobles propósitos y con la protección del famoso millonario Pierpont M o r g a n ha emprendido Tesla sus estudios y experimentos en grande, construyendo en el Colorado una gran t o r r e para la distribución de la energía eléctrica, como en nuest r o g r a b a d o puede verse. La T o r r e tiene 5 y. metros de altura desde ei suelo al extremo de la cúpula, 29 metros de diámetro en la base y 20 en el plano de la cúpula, y es hasta hoy el m á s potente foco d e irradiación de energía que se conoce en el mundo. De la confianza que e! gran inventor tiene en el porvenir de sus nuevos procedimientos de comunicación de la fuerza, hablan estas elocuentes palabras suyas: Cuando los grandes fenómenos, que por casualidad me fueron revelados y que experimeníalmente confirmé, hayan demosírssdo su indefinida potencia; cuando esta primer instalación sea inaugurada y pruebe que un despacho telegráfico, absolutamente secreto y sin posibilidad de ser interceptado, puede ser transmitido sin hilos á cualquier distancia; cuando la voz humana, con todas sus entonaciones é ¡Inflexiones, fielmente reproducidas, sea llevada al través del éter de un punto á otro del globo, y la energía de un salto de agua pueda ser aprovechada para luz, calor y fuerza motriz por mar, por tierra y hasta en las más altas regiones de la atmósfera, sin hallarse aprisionada ó encerrada en un conductor cualquiera, entonces una nueva era se abrirá para la fraternidad universal. Son palabras de sabio que parecen palabras de poeta. Si los poetas fueron los sabios de las épocas primitivas, ¿por qué los sabios no han de ser los poetas del porvenir? Cuantos han visitado el Jardín de VESTRUCES DE Aclimatación de París conocen á SJLLA los avestruces de tiro que, enganchados á un cochecito de dos ruedas, pasean á los pequeños arriesgados, con gran contentamiento de sus niñeras. L o que no se conocía hasta hace poco era el avestruz de PALABRAS y HECHOS silla, porque estos animales tienen muy mal carácter, y cuando se les quiere hostigar la emprenden á picotazos y á co. ces, mortales á veces, con su injusto forzador. Para llegar á montar un avestruz es preciso, ante todo, taparle los ojos, no como hacemos aquí con los caballos de los picadores, sino p o r completo; después, atarle bien con un bogTJ zal el pico, y, p o r últí 1- mo, atarle entre sí las ilj patas con una cuerda larga que le deje holgura en los movimientos. Habituado ya el avestruz á estos tres medios coercitivos, se le carga con j unos sacos de arena y se le hace andar. Cuando se acostumbra ai peso, un muchacho de diez ó doce años sustituye á los sacos de arena, y poco á poco, sucesivamente, se Je van quitando la cuerda de las patas, el bozal y la venda de los ojos. Para guiarle lleva el jinete dos varitas aguzadas, con las que le aguija en los costados. Un avestruz no puede llevar peso superior al de nuestro actual ministro de H a cienda, el respetable S r Castellano, que es como decir el peso de un chico de doce á trece años; pero, en cambio, alcanza una velocidad media de treinta kilómetros p o r hora. Conque ¡á animarse, jóvenes incautos! 1 fNA A N É C D O T A 7 9 3 en plena época del DE LA REVOLUa Ó N FRANCESA l J t tv Vomite de Salud Pubhca el famoso violinista Foppo, a quien se acusaba de relaciones con los aristócratas, cosa muy natural, puesto que un concertista no suele relacionarse con la gente de baja categoría. El p r e s i d e n t e del terrible tribunal interrogó al artista en esta forma: ¿Cuál es vuestro nombre? -Poppo, contestó el violinista. ¿Qué hace usted? -T o c o e! violín. ¿Q u é h a c í a usted en tiempo del aborrecido tirano? -T o c a b a el violín. ¿Qué hace usted en estos sagrados días de la libertad? -T o c o e l violín. ¿Y qué piensa usted hacer por la patria? -T o c a r el violín. Ante estas persuasivas razones, el tribunal puso en libertad á P o p p o A