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I w n íjíi. CONTRASTE I F N A de las cosas más alegres que he visto jamás era un ciprés de cementerio. Había dos en el osario: uno, el ciprés triste, un ciprés cadáver, flaco, descarnado, nervioso, tan viejo y débil, que cuando el aura le movía parecía como si temblase, y cuando llovía dijérase talmente que lloraba; y el otro, alegre, espeso, de terciopelo vestido, ufano 5 virgen, todo él modelado, tierno y siempre lleno de verdor. Pero lo que le hacia ser alegre era el enjambre de pajarillos que dormían en sus brazos y allí anidaban y vivían. Parecía un árbol con palabra y canciones entre aquella quietud; una casa de vecindad cercana á los nichos; una escuela llena de gritos y de risadas. Todo el santo día, yendo y viniendo, bajaban, subían, iban de visita, se holgaban, reñían, se llevaban las noticias del lugar en donde había panizo y no había cazadores, volcaban las criaturas, les lavaban las patas y les enseñaban gimnasia; reían, lloraban y se contaban sus cavilaciones; todo el día era un tejemaneje de pellizcos, de besos y de picotazos; de subir briznas de paja para mullir los cojines; de meter la cabeza so el ala y espantar las lagartijas. Al atardecer aumentaba la algazara para disputarse una raniita; había una furia de gritos para lograr un toldo de hojas, un guirigay para conseguir una alcoba; y después, una vez persignados los pequeños entre los nidos de las ramas y rezada la oración, el árbol se quedaba dormido entre los fuegos fatuos que corrían. ¡Oh árbol alegre! En ningún lugar estaban tan Seguros como bajo aquel dosel de dulzura; en ninguno tan respetados por los hombres como en el mismo osario; en ninguno tan contentos como entre aquella paz poblada; siempre ellos con ellos; siempre con los suyos; siempre llenando la soledad con su festiva alegría. Hasta cuando llevaban un muerto subía del ciprés un vuelo de vida. SANTIAGO DIBUJO DE REGIDOR ii- i v h íV r. J hé rx ká- RUSIÑOL