Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
turaleza es inmoral! A ver, que hablen los rosales de los hombres. Yo deseo con todas mis fuerzas sentir por los asesinados en el huerto andaluz la honda compasión que merecen las víctimas, y aunque rezo por ellos, no alcanzo á simpatizar con su desgracia. En ese terrible crimen todos iban á engañar, todos iban á satisfacer innoblemente su codicia: los muertos y los matadores. ¿Qué más? ¡Hasta el amor que lo descubrió, según parece, merced á la cita nocturna c ue junto á la tapia del huerto se daban dos amantes, acabó pidiendo cincuenta duros! -Tienes razón, es un detalle muy pintoresco ese del enamorado doncel que acude impaciente á platicar con la mujer de sus cariños, y en vez del esperado idilio tropieza con la tragedia inesperada. Oye sonar dentro del huerto una voz desgarradora que dice: Ay, madre, me han matadol Se le eriza el cabello, palidece, despide á su novia, y no se le ocurre ir presuroso en demanda de la justicia. El hombre pasa toda la noche reflexionando: ¡qué noche de tormentos psicológicos! Y al fin decide pedir cincuenta duros por contar á la angustiada familia del asesinado el terrible fin de éste. ¡Y hay todavía quien asegura que ios latinos somos gente impulsiva á la cual arrastra la emoción y guía el sentimiento! ¡No hubiera hecho más un anglosajón enamorado que acudiera á la tapia del huerto del Francés á olisquear crímenes! Dijiste bien, mujercita mía, el rosal, nadie más que el rosal; en estos crímenes fríos, secos, repugnantes, al estilo moderno, no se salvan más que ios rosales. Por eso sin duda Mme. Syveton renovaba con tanto afán, recién muerto su esposo, las flores que lucían en los jarrones y búcaros de su coqueto saloncillo rosa. -Adiós, ya saltó otro crimen. -Crimen no; según los inteligentes, no fué más que un suicidio ayudado. Tal piensan por lo menos hoy. Un suicidio ayudado: figúrate si eso es bonito y progresivo. Antaño, las personas semisalvajes, en cuanto veían á alguno con ánimo de arrebatarse la vida, caían rápidas sobre él, apoderándose á la fuerza de su persona ó del arma instrumento de su suicidio. Hogaño se procede de modo completamente opuesto. Al suicida se le deja que realice su fatal determinación, y si es preciso, se le ayuda. ¡Ayudarle á uno á matarse! Todavía la solidaridad humana no es una frase vacía. Ya lo sabes, el día que me despierte de mal K. anor te comunico mi decidido propósito de abandonar este desagradable mundo, y tii, muy seria, muy tranquila y muy formal, sin lágrimas, ni súplicas, ni tonterías, me ayudas. ¿Quedamos en eso? -Bueno, te ayudaré, ¡qué barbaridad! si me prometes hablar ahora de otra cosa. Estamos 3- a en el año 1905, vemos pasar sus primeros días, y me parece hasta ofensivo para ellos el atroz recuerdo de esos crímenes y de esos suicidios ayudados. Cumpla con su deber la justicia; es la única obligada ya á recoger la espeluznante herencia del año cuatro. Miremos á lo porvenir con los ojos del año que nace, ojos de niño que contempla asombrado la primera luz. La feliz coincidencia del nacimiento del Salvador y del nacimiento del año, nos llena el alma de esperanzas y de alegrías infantiles. Así como el Señor nació para salvarnos, ¿por qué no ha de venir también el año naciente para redimirnos de nuestras angustias y de nuestras penas? Podrá ser, pura fantasía, anhelos mentirosos de tranquilidad, de bienestar, de goce en lo venidero; pero es verdad que hasta los ancianos saludan con júbilo al año naciente, aunque DIBUJO DE MÉNDEZ ERINGA para ellos supone nuevo peso, tal vez el peso que ha de rendirlos por siempre, y todos sentimos durante unos días refrescada el alma por una risa de nuestra niñez. Entre el nacimiento del Hijo de Dios y el nacimiento del año, la humanidad vuelve á la infancia y come glotonamente, canta á grito pelado, toca desagradables instru. mentos, ríe con toda la boca abierta y cree en la fortuna. i Son esos unos días muy alegres! -Con grandes heladas por las noches. Pero tienes razón; ¿quién no espera la ventura en el año entrante? ¿Quién no es un poco chiquillo entre el portal de Belén y la desaparición de los pastores? ¿A quién no le traen algo los Reyes Magos? Ya ves tú si un ex ministro debe de ser persona seria y desvaída del mundo. Casi todos los que pertenecen á esa respetable clase son hombres que han pasado ya de los sesenta y que conocen al dedillo la inestabilidad de las dichas humanas y la falacia de los sueños venturosos. Pues bien, no hace muchos días se reunieron hasta una docena de sesentones formales 3- desengañados en el comedor de una casa de la calle de Serrano, y después de mucho meditar y de largo discutir acerca de los males de la patria, decidieron con gesto unánime descalzarse y poner las botas en el balcón para qne se las llenasen de fruslerías los Reyes. ¡Qué botas tan recias de suela, amplias de proporciones y bien forradas de franela por dentro! Botas como dueñas ó como rodrigones de otras botas acostumbradas á pisar despacio á detenerse cada dos minutos, á evitar prudentemente peligros y tropiezos. Botas, en fin, sobre las cuales hasta el betún adquiere cierto tinte de honorabilidad, no estallando locamente en brillo, sin que por eso deje de lucir un lustre discreto. ¡Si sabrán esas botas lo que son juanetes! ¡Si estarán desengañadas de correrías por el ameno campo de la imaginación! Pues bien, allí las tienes en los balcones de un comedor de la calle de Serrano esperando el paso de los Reyes. ¡Cómo se reirían de ellas si conociesen su aventura todas las botas infantiles, torcidas, tuertas de tacón y cansadas de suela, que en la víspera de la Epifanía pondrán los chiquillos madrileños al fresco haciéndoles guiños picarescos á los Santos Reyes para invitarles á que acrediten en ellas su generosidad! -Pues mira, harían muy mal en reírse esas botitas desvergonzadas de sus honorables y sesudas compañeras. No hay nada más hermoso en la ancianidad que su dulce regreso á la infancia. Un viejo que no se ha vuelto algo niño, no es digno de ser viejo. A mí me parecen grandemente simpáticas esas respetabilísimas y catarrosas botas que dices, y por mi gusto los Reyes Magos les echarían hasta la estrella con rabo. La esperanza es un delicioso tónico mientras dura la juventud, pero, en la vejez lo es ya todo, porque no queda otra cosa. No te burles, pues, del provecto calzado. ¿Burlarme yo? Nada de eso. Así le saluden con sus más alegres dianas los canarios del general López Domínguez. ¿Y tú, qué deseas en el año nuevo? -Que tengamos lo raismo que el año pasado. Las mujeres somos muj- conservadoras. No ambicionamos muchas cosas nuevas, pero no nos resignamos á perder ninguna de las que ya poseemos. -Sobre todo la juventud, ¿eh? -Merecías un bofetón por la malicia; pero, en, fin, te perdono. La juventud, sí, pero ¡ajd esa no la traen los Reyes Magos, esa se la llevan. ¡Parece que los regalan, y en realidad cobran tan caros sus juguetes... J o s a DE ROURE