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J sucedió cosa de importancia á los que bebemos del Lozoya. Hubo varias recepciotjes académicas de lujo; se salvó el país con la disposición de que pudieran ponerse telég ranias en catalán, gallego y vascuence. Comenzaron los crímenes pasionales; desapareció Bonibita mayor y apareció Bomiita ni; cayó en Madrid una granizada 4 ue causó más daños que el Gobierno, y vino ULIO, en el cual se celebraron una gran volada de palomas mensajeras, la tan aplaudida y acreditada corrida de los zapateros, la sesión borrascosa con motivo de los suplicatorios (primera de una bonita serie que ha gustado bastante) una exposición en Tarrasa, varios inundaciones en Valladolid, la apertura de los Jardines del Buen Retiro y otra porción de contingencias desagradables. Todo el que tuvo posilíles para ello, se largó á San Sebastián á v e r luchar al tigre y el cola en Salamanca, un Concurso hípico en San Sebastián y varias bombas en Barcelona. Fué coronado el rey Pedro de Servia y Í C T U B R E sobrevino. Se abrieron Universida des é Institutos, comenzaron las maniobras militares, y no llegamos á enterarnos bien de cuál era el bando Norte y el bando Sur, ni nos importó toro y á atrapar las balas que se perdieron en la refriega. Los valencianos hicieron una pareja montimental de N elet y Qttiqtieta, y los gallegos menearon el hotafumeiro en Santiago con la gallardía de siempre. A GOSTO cogió en Madrid á poquísima gente, y los pocos que nos quedamos pasamos un día sin pan; hasta el mismo presidente del Consejo tuvo que desayunarse con buñuelos, y menos mal que eso no le falta nunca á un personaje que legisla y gobierna. Para continuar la paradójica historia de esta M. H. villa, hubo nn terrible motín cosa mayor. Habló Salmerón en Zaragoza, y... lo mismo que las maniobras. Se verificó la peregrinación á Begoña sin descalabros maj ores, y se reunió la ponencia de los liberales, cambiándose mutuas protestas de afecto sin resultado. Volvieron á abrirse las Cortes, y comenzaron de nuevo los tes de la Presidencia. A Maura le llamaron mamarracho, y no pasó nada más de notable, si esto lo era. JOVIEMBRE nos cogió con la escuadra rusa en Vigo y con el mismo Gobierno, que pare cía indestructible. Hubo un meeting n favor de las S b T l MBU S 1 en el Pacífico. Verbenas, kermesses y restejos de todas clases echaron de esta corte en el botijo á las contadas personas tranquilas que quedaban. C E P T I E M B R E nos trajo, entre otras diversio nes, los couplets del cencerro, no más divertidos que los del cangTejo; la aparición de un mnigo de corridas de toros en domingo; comenzó Silvela á hablar de la ética en el Ateneo, y gustó mucho más Le Bargy, con quien no reza La Füocalia. Se celebró una Exposición de apuntes en el Círculo de Bellas Artes; el respetable público quemó un tranvía; pasó El ainor de los hermanos Quintero por el teatro Lara; fuimos al Pardo por bellotas; vino Naquet; explotó otra bomba en Barcelona; se afeitó el bigote Minuto, y con una nevada de gran espectáculo, se nos presentó FVlCIEMBRE. Se llenaron las calles de bustos de Maura, que ya se hají derretido como el propio original. Vino Mounet Sully, y gritó el Hamlet como pudo; llegó la melena de Kubelik, y Kubelik dos días después; se estrenó El místico, le hicieron ministro al marqués de Figueroa, no ya por horas, sino por carrera; se batieron Déroulede y Jaurés y, con gran entusiasmo del público, se largó Maura con la música á otra parte. Es cuanto tenemos que decir. ¿Les ha gustado á ustedes? A nosotros tampoco. Abur, abur, 1904. ¡Menos mal que no vuelves! Maura, que dio con sus huesos en el Abanico; la huelga de la Vasconia y el divertido saínete del Descanso dominical, representado en toda España con tanto éxito, que se llamó á ios autores... todo cuanto hay que llamar. Hubo un Congreso agrí-