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eos, extrayendo á los idiomas la substatitífica médula y estableciendo secretas y arcánicas analogías Una mañana, que era de primavera, al levantarse Franganillo después de un largo insomnio, pensó que había encontrado... Pero no me atrevo á iniciarles en su descubrimiento. Lean su libro. Lo reparte liberalmente por amor á la ciencia. Ists sin velo ó el grito de la bestia humana. Origen de todas las lenguas por medio de la síntesis lingüistica, por D. Eudoxio Emiliano Franganillo. En Vetusta, imprenta de Gómez é Hijos, y en casa del autor, calle de Suárez Inclán, 18, Llanada, n o páginas, más u n a de erratas, que no se cuenta. Allí admirarán detalladamente el gigantesco y sólido edificio, del que yo, extrayendo los más interesantes párrafos, voy á dar un pálido reflejo, pero muy pálido. No soy partidario de las vocales. Las vocales no cuentan en la filología con sentido etimológico alguno. Esta opinión será despreciable como mía, pero no por eso menos verdadera. También se desdeñaba no hace mucho á los que hablaban de los satélites de Urano. Pues bien; Urano tiene satélites; se les ha visto, y son tal como se describían. Los grandes hombres son profetas aunque se dude de ellos. La vocal es una degeneración. -El hombre primitivo se expresa por medio de consonantes, de tres clases de consonantes: explosivas, silbantes y líquidas. La F r es el tipo evidente de las líquidas; la í contiene en sí á todas las silbantes. Cuando se silba se dice y el hombre primitivo sabía silbar, y los animales inferiores silban también. En el lenguaje aborigen había, pues, una Í y una r. Quedan las e x p l o s i v a s Hay muchas: la p, la t, la k y otras. En efecto, los pueblos que no pueden pronunciar las explosivas p y t, reemplázanlas, generalmente, con la li. Los habitantes de las islas de Hawai (D. Emiliano leyera i esto en las traducciones de Spencer hechas por La España Moderna) dicen kila por el inglés Steel, acero: La k es, pues, t la explosiva primordial. Mi Y como, en fin, la tendencia del hombre es ir siempre a de lo más difícil á lo más fácil, y como es indubitable que á las sílabas desgastadas por el í- l- 1 uso han precedido necesariamente articulaciones ásperas y violentas, me atrevo á pensar que el vocablo primitivo se pronunciaba con una energía poco común en estos tiem. r í pos de decadencia. Para representárnoslo necesitamos, por lo menos, cuadruplicar la í y la r y aspirar fuertemente la k. De este modo obtendremos la palabra arquetipo 3- base del lenguaje humano. yiit ¿T I HB I n c l i n é m o n o s reverentemente ante la majestad del vocablo primordial, grito lanzado por Abel expirante y por v f -r i- sílabo pedregoso con el que Evs 1 ¡1 El grito prehistórico tuvo un grande y merecido éxito. Los nom- L bres que dormían su sueño secular á doce pies bajo el suelo de Llanada se estremecieron en el fondo de sus tumbas, y los gatos que á inedia noche rodaban por las calles adormecidas de la villa, notaron que las conversaciones de las gentes graves versaban sobre el grito del hombre prehistórico. Únicamente las señoras reservaban su opinión ante la inseguridad de que la doctrina fuese francamente ortodoxa. Mas D. Emiliano, seguro del aplauso de sns convecinos, necesitaba afrontar una jurisdicción más alta. No por vanidad en este respecto (Franganillo era salomónico) sino por obedecer al mandato de su conciencia, envió su libro á todos los diputados y senadores por la provincia, á las Academias, á los periódicos, á los sabios, á todos los interesados, en fin, en las especulaciones lingüísticas. Y D. Emiliano, como otros muchos y estimables publicistas, sufrió la conspiración del silencio y la injusticia de los españoles. Pero no ceja en su propósito de reconstruir el lenguaje primitivísimo y tiene fundadas esperanzas, según carta que acabo de recibir, en lo venidero. Últimamente ha pedido autorización al Sr. de Val para dar en el Ateneo una conferencia sobre la palabra troglodítico- -prehistórica, -inicial del lenguaje humano. Y aguarda impacientemente u n a respuesta favorable. PUDRO GONZÁLEZ- BLANCO DIBUJOS DE MÉNDEZ ÍJliI GA