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SEriTE EnUDA h rtS i- -f 4 f -11. -yi. j í ííi JM fi- S -V T: I T- A r leiQO O habreis E L L E Ó N oído decir que el león es el Rev d é l o s animales. Pero yo creo, y acaso, si reflexionáis sobre ello, vosotros creeréis conniig- o, que el león no es el Rey de los animales, por varias razones. Ante todo, el león no es el más hermoso de todos los animales. Tiene la cabeza demasiado grande para su estatura; tiene las m. anos y el cuarto delantero demasiado recios en relación con las patas y el cuarto trasero; tiene el movimiento y andares mucho menos ágiles y sueltos que los del tigre, y la piel menos hermosa que la de éste. Si le comparáis con otros animales no fieros, 3 singularmente con el caballo, deduciréis con toda imparcialidad y justicia que éste es mucho más bello y mejor proporcionado que el león. Si descendéis á detalles y pormenores, los ojos, los famosos ojos del león, por mucho que en ellos queráis recrearos, ni son tan fieros como los del toro, ni tan apacibles como los de la vaca, ni tan inteligentes como los del perro. La gravedad del león retratada en su fisonomía, se parece mucho á la afectada seriedad que á muchos señores les sirve para hacer carrera, aun cuando no posean otro talento que ese, el de estar serios perpetuamente. Si vamos á lo de la valentía, ya se ha demostrado cien veces que el león huye y se acobarda ante H ISTORIETAS NATU- r -I TTo RALES. Jifbr s que siendo m u c h o más intelectual y más pacífico por naturaleza, domina al león y le subyuga v le hace añicos sin más trabajo que alargar la trompa. Si nos fijamos en la supuesta dignidad del león, veremos que es otra patraña. A poco que hayáis ido al circo, habréis visto leones que saltan por aros de hierro y de papel, leones que suben escaleras, que montan en bicicletas y que hacen toda suerte de pantomimas ymojigangas. Loqueno habréis visto nunca es un domador de toros de Miura. El león se domestica sin grandes dificultades y llega á convertirse en un a nimal manso y bonachón como un perro. Hasta el tiempo de los Reyes Católicos, casi todos los monarcas dé Castilla tuvieron, para más esplendor de su corte, un león manso que andaba suelto por los alcázares sin meterse con nadie. La crónica de D. Pedro I cuenta que una lavandera ó sirvienta de palacio se dejó en cierta ocasión abandonado á un niño de pecho, aterrorizada porque había visto al león de S. M. Al poco rato, el león se presentó en el cuerpo de guardia llevando al niño cogido suavemente con laboca, y sin causarle el menor daño se lo entregó á los ballesteros. ¿Sabéis en qué consiste la domesticidad y la mansedumbre del león? En lo mismo que la ele los hombres: todo está en darles de comer abundantemente. No ha ocurrido jamás el caso de que un león harto cause mal á ninguna persona ni á otro animal tampoco. En cambio, cuando está hambriento, hay que temerle, como hay que temer á todos los animales hambrientos, y más que á ninguno al hombre. DIBUJO DE EEGIDOB