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G E f l T E A EnUDA g Dónde hemos visto nosotros á esta moza? H a sido este año ó el pasado? Pensadlo bien conmigo y caeréis de la cuenta en seguidita. -No os acordáis de que este verano ó el pasado fuimos á San Sebastián ó á Santander ó á Gijón ó á Galicia? ¡Ah! ya veo que vais haciendo memoria. Claro está. Era en el crepúsculo de la noche al ir, ó en el crepúsculo de la mañana al volver. Habíais pasado los túneles largos ó estabais entre uno y otro túnel, allá en lo alto de la Sierra, y la voz salía triste y plañidera, haciéndoos asomar la adormilada cabeza á la ventanilla, y, en un minuto que paraba el tren, veíais cruzar veinte veces á la muchacha, gimiendo, como si llorase una pena terrible: Un iotijo e leeche! ¡un iotijo e leeche! ¿Era en Las Navas? ¿En la Cañada? ¿En Cercedilla? ¿En el Espinar? ¡Quién sabe! Ahora todos aquellos montes por los cuales trepa el tren jadeando, están cubiertos de nieve; tal vez, en lugar del grito lastimero de la moza, se oye en tan elevados sitios el aullido fúnebre del lobo. Y la moza, que, naturalmente, ahora no tiene que salir al tren... ¿qué iba á hacer? I o que ha hecho. Venirse al Nacimiento con su botijo e leeche. A MOZA DEL BOTIJO É LECHE E L VENTERO DEL GORRO Ved aquí otro persona- COLORADO Y EL CANDIL ieoTMraXo. TM Vosotros no habéis andado nunca de camino en el crudo invierno por trochas y veredas; no sabéis lo que es hallarse aterido de frío en la negra noche de Diciembre y divisar á lo lejos la luz filtrada por entre las rendijas de una venta que negrea sobre la nieve. Quizás tampoco sepáis cuan grata cosa es verse acostado no lejos del hogar confortativo, cuya llama dura toda la noche, en una de esas ventas que en la desamparada campiña se alzan junto al camino. Sólo quien haya pasado por todos estos trances j lances puede hacerse cargo de lo bella, de lo heroica que es la acción del ventero que en vuestro Nacimiento se asoma á la ventana con un gorro frigio en la cabeza y con un candil en la mano. El buen hombre estaba en su abrigado lecho, cerquita de la lumbre. Ya veis que no ha tenido tiempo sino de ponerse el gorro, echarse una almilla blanca y coger el candil. Pero este acto tan sencillo en apariencia, convierte á nuestro ventero en un hombre sublime, que os recomiendo para que le deis un puesto escogido en vuestro corazón. Otro cualquiera, al oir llamar á su puerta, se habría vuelto del otro lado y hubiera seguido en su sueño y en su calor como un egoísta. El noble, el honrado ventero no ha querido que á su puerta se muera nadie de frío, y ha salido á la ventana con su gorro y su candil, exponiéndose á pillar una pulmonía. ¿Conocéis, entre vuestras relaciones, á muchos buenos cristianos que sean capaces de realizar lo que estáis viendo hacer al ventero del gorro colorado y del candil, que era un cristiano anterior á Cristo? Pues si conocéis muchos, amadles y reverenciadles de veras, pero no olvidéis al ventero, nuestro buen amigo. O S C A M E L L E R O S D E 1 Reyes mismos, á los tres 1 r c D c v t r o i r c excelentes monarcas Melchor, L U b K H Y t b M A t i U b Gaspar y Baltasar, v o s o t r o s como todo el mundo, les rendís el tributo de vuestra admiración y, si sois monárquicos, de vuestro dinastismo; pero, ¿quién se acuerda de los pobres mozos cj: ue en pos de los Reyes vienen á pie, llevando del ronzal á los camellos cargados de oro, incienso y mirra? Por eso, porque nadie se acuerda de ellos, yo os ruego que tengáis un poquito de afecto y de amable consideración para estos humildes y leales servidores que vienen á pie, mientras sus amos galopan en fogosos corceles; para estos pobres esclavos. que vienen á cuerpo gentil, mientras sus amos se arrebozan en hermosísimas capas de pieles; que vienen conduciendo y custodiando unas riquezas de las cuales nunca disfrutarán, y con cuyo donativo tampoco podrán ellos enorgullecerse y pavonearse. Y fijaos que, á no ser por estos pobres camelleros, los Reyes Magos, con todo su poder, no hubieran logrado poner á los pies del Señor más oro, más incienso ni más mirra sino lo que pudieran llevar en las alforjas. Una sonrisa, pues, y un poco de amor para el pobre esclavo que conduce á la bestia cargada; cuando el Niño sea Hombre, ya les dirf. que esclavos y reyes todos son unos y hermanos, hijos de Dios y herederos de su gloria. L