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D I N M iVllKN ¿Veis qué cara tiene taa maiiciosa y picaresca? ¿Veis con qué placer arrima las piernas á la lumbre? Véis con cuánto gusto y con cuánta sabiduría revuelve rnuy despacio las gachas que hierven, cantando alegrenrente, en el perol? El viejecito está sentado cómodamente: lleva las piernas y los pies envueltos en confortables polainas y abarcas de correal: el cuerpo bien abrigado con un pellico negro, que recoge los raj- os del sol y no deja calor sin aprovecho. El dejecito sabe avivar los tizones con la misma sandunga con que revuelve las gachas; y mientras hace lo uno y lo otro, sabe arriscar á mozas y mozos contándoles cuentos y dicharachos retozones. Llega la hora de repartir el sabroso manjar, y mientras mozas y mozos se parten de risa oyendo las alicantinas del viejecito, y con el alborozo y los requiebros apenas si atienden al coniistraje, el buen viejo, que es muy glotón, porque algún vicio le había de quedar, se aprovecha para engullir más que ninguno, y sosegadamente, con mucho arte trasiega á su estómago casi la mitad del perol. Y vosotros, que ya estimabais á la moza del botijo e leche y queríais al pastor del borrego á cuestas, sentiréis respetuoso afecto 3 tierna devoción por el gracioso viejecito, que ya no toma el frío de la Sierra como la moza, ni se carga onerosos pesos como el pa. stor, sino que sabe gozar prudentemente de la vida, coronando los fríos y los trabajos de ayer con las lumbres y las gachas de hoy, que todo es alabar á Dios. VIEJECITO E L LAS GACHASDE L P A S T O R D E L C O R D E R O- este, yo no sé si le co f ir FCTA nocereis. Es un simpatiA CUIiOJAo copastor: es un zagal con las mejillas muy coloradas y con una cara de bruto que no se la merece el pobre. Vosotros los niños ciudadanos apenas habréis visto á este pastor en otra parte que en el Nacimiento; pero los niños campesinos ó los que tienen labranzas y ganados, bien que le conocen, y ellos os lo dirán: No es tan bruto como parece. ¿No os ha llamado la atención el hecho de que á nosotros, que vivimos en ciudades, se nos figuren brutos los hombres del campó solamente porque están más sanos que nosotros, y esto se les conoce en la cara? Pues, si bien reparáis, no dejaréis de reconocer conmigo que el pastor lleva á cuestas el cordero, cuj o peso muy bien serán dos ó tres arrobas, con muy gentil desembarazo y sin parecer que hace fuerza alguna. ¿A que no podría hacer eso uno de los señores que van á las Cortes con su levita y su chistera, á decidir cxiánta carga debe llevar el pobre pastorcito á las costillas? ¿Habéis visto alguna vez á uno de esos señores entrar en vuestra casa ó en la ajena cargados con un cordero, ni siquiera con una gallina? No, ¿verdad? Por eso quiero que seáis amigos de ese pastor, que es muy bueno, aunque, al parecer, tenga cara de bruto; quiero que le estiméis de veras y sepáis que él es quien trae los corderos, él es quien trae las gallinas, él es quien viene siempre cargado y nunca se queja del peso de la carga. E