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¿Cuándo vrv. V e ese aumento de sueldo? -pregunté al propietario cierto día en que, por haber sido extraordinaria la venta, lo vi muy satisfecho. -Pues mañana mismo, -contestó frotándose las manos. -Lo celebro- -le dije; -pero no acepto el aumento; al contrario, voy á solicitar una disminución. Eh! -dijo el hombre con extrañeza justificada. ¿Cómo he de entender eso? -De un modo muy sencillo. Hace dos ó tres meses que aparecen en el periódico trabajos de un colaborador amin; 0 mió. Con esta colaboración gana el periódico, porque da mas variedad á sus números; gano yo, porque trabajo menos; gana mi colaborador, porque da á conocer su firma. Pues ya que los tres ganamos, me parece justo que los tres, cada cual por su parte, haga algún sacrificio: usted aumentando en su presupuesto la cantidad con que pensaba remunerarme; yo, renunciando al aumento y aun poniendo alguna cantidad de mi sueldo para formar el de mi compañero; éste, aceptando como sueldo la pequeña cantidad que representa lo que usted da y lo que doy por su colaboración. -Estarnos conformes- -dijo el propietario, -y me parece mu digna de aplauso la delicadeza con que usted procede. Queda hecho el trato. Me faltó tiempo para comunicar á mi amigo del alma la fausta noticia. Fui á buscarle al café donde nos velamos siempre; le referí lo que había hecho y lo que se había convenido. F, l hombre me dio un abrazo, vertió lágrimas, y me dijo lo que no puedo repetir ahora. Separóse de nú extraordinariamente conmovido, y jurando por Dios y por todos los santos y santas de la corte celestial que no olvidaría nunca mis favores. Cuando me retiré á casa aquella noche, me encontré con una carta del propietario, en la cual se me r? i i i- b í- ti despedía del riódico, dando la noticia de q, -mi protegido. Claro está que no solicité ser repuesto, pero sí pedí explicaciones, y el propietario me las dio amplias y sinceras. Porque, eso es otra cosa, á franco no le ganaba nadie. Amigo mío- -me dijo cuando le interrogué, -los negocios son negocios. Ivl colaborador de usted, cuyos trabajos u. sted mismo elogió muchísimo, vino ayer á ofrecerme hacer el periódico por la mitad de lo que hoy me cuesta; me habló, además, de los proyectos que usted tiene de fundar otro en breve plazo, y no hay para qué decir que he aceptado sus ofrecimientos. No volví á saludar al amigo. Como esta ruptura entre dos inseparahics llamó la atención, él, para explicarla, dijo no sé cuántos horrores de mí. Fué siempre uno de mis enemigos más crueles. Yo le perdoné aquella felonía; él no me perdonó nunca que se la hubiese perdonado. ANTONIO S A N C I I F Z DIBUJOS DE EtTEV. lN PFRFZ