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El liamtoe en Maclrid JVi ENESTER es desenterrar este trágico epígrafe, por mucho que nos duela. Creemos estar viviendo en u n a sociedad civilizada y progresiva y, al mismo tiempo, en tina sociedad cristiana, y vivimos relativamente tranquillos y sosegados. Un día la nevada, que echa al l o b o d e su guarida en el monte, arroja también la miseria á la calle en la ciudad; y tiritando unos de frío y otros de pavor, reparamos en que hay muchos miles de p r ó j i m o s desnudos, ham- I i r T f L í mM ¿mmm wíí EN E L CUARTEL DEL ROSAKIO x brientos y desamparados. Se acude prontamente á remediar el mal con lo primero que se nos alcanza. La caridad, en unos cuantos días, hace prodigios; pero no son estas necesidades de las que se remedian con milagros de panes y peces, sino de las que en todo país bien gobernado se estudian por los l e g i s l a d o r e s procurando atajar sus causas. V i p n d o nanlnfirsp mnchp- LA COLA EN EL CUARTEL DE LA MONTAÑA dumbre de menesterosos á las puertas de los cuarteles donde estos días se h a repartido ranchos, gracias á la munificencia regia y al espíritu caritativo de jefes, oficiales y soldados, que aunaban sus esfuerzos para que el reparto fuese eficaz y equitativo, al menos pensador se le ocurriría reflexionar que á tales horas los representantes del país y los individuos del Gobierno andarían g r a v e m e n t e preocupados del positivo problema que estos hechos entrañan. Chasco se llevaría quien tal pensara. La miseria no se discute; del hambre no se habla en el Congreso. REPARTO DE RANCHO EN EL CONDE- DUQUE Fot. Asenjo