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n- áf fS A- J (ir iT. i i rrs COMO MURIÓ m- CUENTO ORIENTAL una fuente de agua clarísima y fresca. Descansaron á la sombra de unos cipreses que allí cerca había, y Abú- Jilián propuso á su amigo dormir una buena siesta. -Duérmela, si quieres, que yo por aquí me entretendré- -le contestó Abú- Zakún, cuya alma aventurera no se avenía bien con las molicies á que son tan aficionados los buenos orientales. Y mientras Abú- Jilián dormía, Abú- Zakún comenzó á pasear por el bosque, hasta que dio en un gran canal de aguas profundas, al parecer. En la orilla veíase una hermosa lápida de mármol blanco, y en ella escrita con caracteres cúficos azules esta inscripción: Viajero, si eres hombre animoso, podrás conseguir la ventura, la riqueza v el poder. Para ello tienes que pasar este canal á nado sin temor á lo profundo de las aguas ni á la violencia de la corriente. Si nadas bien, no tardarás más de dos horas en l l e g a r á la otra orilla, y en ella encontrarás un objeto blanco que desde aquí parece un animalillo y es en realidad un toro de mármol, de tamaño natural. Sin descansar, cogerás el toro al hombro, y sin volver la vista atrás, sin hacer caso de los mugidos de los leones y de los chacales que tratarán de cerrarte el camino, subirás con el toro acuestas hasta lo alto de la montaña. Una vez que allí te encuentres, serás feliz, rico y poderoso como muy pocos hombres del mundo. Si tienes fe en ti mismo, no dudes en acoineter esta empresa. Si mides tus fuerzas ó reflexionas, nada conseguirás, pues la dicha, la fortuna y el mando no son para los pusilánimes. La. luz del sol llena el universo mundo; los menos delicados y los más resueltos son los que reciben los rayos más calientes. Sin vacilar un instante, ardiéndole la sangre en las venas, decidió Abú- Zakún realizar las hazañas indicadas en el mármol; pero cuando ya estaba desnudándose para lanzarse al agua, se acordó de su amigo Abú- Jilián, á quien no debía dejar solo, y que no lejos de allí dormía tranquilamente. ¿Por qué me despiertas? -preguntó Abú- Jilián. ¿Es hora ya de partir? El otro le explicó la aventura que intentaba, y Abú- Jilián, mirándole de hito en hito, le replicó; -No parece sino que yo era el despierto y tú el que ha soñado. Tú, Abú- Zakún, morirás por tu imprudencia. 1 No obstante, cediendo á las reiteradas instancias de su amigo, Abú- Jilian fué con el hacia el sitio donde estaba la lápida. Cuando llegaron, la lápida había desaparecido. ¿Lo ves cómo estabas soñando? lAbú- Zakún, tú morirás de una ilusión, que es la peor enfermedad que puede atacar á un hombre sano! Pero Abú- Zakún, que veía el canal y la montaña siempre en su sitio, dijo á Abú- Jilián señalando un punto blanco á la otra orilla: ¿No ves allí lejos el toro de mármol? Abú- Jilián, que había leído mucho en su vida, tenía la vista débil. No distinguía tal toro, y con nuevas razones intentó disuadir á su temerario amigo. -Ahora es cuando más debo meterme en esta aventura- -le dijo el obstinado Abú- Zakun. -Puesto que la lápida ha desaparecido, es señal de que para mí sólo estaba guardada esta empresa. Y sin decir más, se desnudó, desoyendo las razones y los gritos y amenazas del prudente Abú- Jilián. Nadaba Abú- Zakún valientemente al través de las aguas frías, que le empujaban hacia abajo, pero él no perdía de vista el punto blanco, y echando mano de todo su vigor, no se desviaba de la línea recta. Aún después de un rato, oía las voces fatídicas de Abú- JÍTián, que le gritaba: -Tú morirás, Abú- Zakún. Vuélvete, amigo mío. Pero Abú- Zakún tenía gran confianza en sí mismo y no retrocedía. Las dos ñoras que decía la lapida pasaron, y justamente en ese tiempo el bravo nadador se encontró en la otra orilla, encueros y sudando á mares. Soberbio y amenazador, un enorme toro de mármol blanco se alzaba sobre un pedestal de jaspe ne- eran dos prudente el último, arriesgado Ambos iban ABÚ- ZAKÚN yy uAbú- Jilián la jornadaamigos, sido larguísima, se encontraron, el primero. una montaña, de viaje, n día que había al pie de