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h á I pÁ 3i NAT INFANTILES Cü WTOT 4 t. CQr (CyR 707 Mi 5 TQRiETAT n- THI rr A XÍT- PT TW; -pripri- próir o trabajando en su despacho. Ante sus ojos y encima E L V O L A N T E D E F E D E R I C O de un velador se extendía un mapa miiy grande en el que estaban clavados muchos alfileres con banderolas de papel de distintos colores. Los prusianos se hallaban en guerra con los suecos por la posesión de Pomerania. El rey de Sueeia, Carlos XII, era un gran general, cuyas hazañas infantiles también os contaré algún día. Federico Guillermo I estaba muy preocupado y, pensativo, cauteloso, iba quitando de unos lugares los alfileres con banderolas y poniéndolos en otros sitios del mapa. Cada alfiler de aquéllos representaba una división de infantería ó un regimieatode caballería, ó tantos y cuántos cañones de los prusianos y de sus enemigos. Cada uno de aquellos alfileritos era en realidad uno ó varios millares de hombres que acaso en aquel momento estaban derramando su sangre por la patria... Absorto en su trabajo, Federico Guillermo I no advirtió que en el solemne despacho había entrado su hijo, un hermoso niño de cinco años, que jugaba gozoso con su raqueta y su volante. De pronto, el volante, que el chico había arrojado contra la pared, vino á caer en el mapa y echó por tierra ó desalojó de sus posiciones á cuatro ó seis regimientos prusianos, quiero decir, á cuatro ó seis alfileres. ¡Hola! ¿Estabas ahí? -dijo el Rey, un poco amostazado, pero sin querer regañar á su hijo. -Toma, toma tu volante. -Y con el gesto le invitaba á que se largase de la habitación. Después volvió á sumergirse en el mapa. El niño, sin querer comprender la indicación de su augusto padre, recogió el volante y siguió jugando. Al poco rato, el volante volvió á caer en el mapa, desbaratando por completo las fuerzas aliadas de Rusia y de Sajonia; total, una docena de alfileres. Federico Guillermo I frunció las cejas, ya amoscado de verdad, echó una severa mirada á su hijo y le devolvió el volante, haciendo al mismo tiempo al obstinado niño señas de que tomase la puerta. Pero el pequeño era voluntarioso y desobediente. Siguió jugando, y tercera vez cayó el volante en el mapa, decidiendo la suerte de una batalla que iba á darse cerca de Stralsund. Enfadado gravemente el Rey, cogió el volante y se lo guardó en el bolsillo del casacón. El muchacho se quedó mirando de hito en hito á su padre; reflexionó lleno de rabia, y después de un rato, le dijo con arrogante dignidad: ¿Quiere vuestra majestad devolverme pronto mi volante? ¿Sí ó no? El rey de Prusia se quedó mirando á su hijo, que estaba plantado en actitud fiera, con su raqueta en la mano, como una espada. Después miró el mapa de la guerra, y considerando de muy buen agüero la osadía de aquel niño de cinco años, le dijo: -Toma, hijo mío, toma tu volante, ql e ai; nque esta campaña se pierda, si sigues teniendo el genio tan firme, nuestra será la Pomerania. Y así fué, en efecto, porque el niño aquél fué después el gran rey y mejor generalMÉNDEZ BRIXG. 4. de Prusia. DIBUJO DE Federico I I A NÉCDOTAS INFAN llLES. Federico Guillermo I, rey de Prusia, estaba un día