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ZODIACADA DE NOVIEMBRE I- -I E aquí tina historia antiquísima. Los desconocidos intérpretes del Zodiaco ó los caprichosos artis tas y poetas que dieron forma á sus signos, imaginaron representar la constelación del Sagitario (por frente á la cual pasa el sol desde 22 de Noviembre á 22 de Diciembre) en la figura de un centauro que dispara una flecha. Para explicaros la antigüedad del hecho de que nn centauro dispare flechas, me será preciso, y por ello os pido perdón, suponeros completamente ayunos de toda noticia referente á los centauros, y por ello y por llenar esta plana lo mejor que pueda, voy á contaros su historia. Habéis de saber, y el que lo sepa ya puede pasar á la página siguiente, que, según los logógrafos griegos, los ccntmiros fueron unos caballeros en plaza ó re oneadores de los siglos homéricos. Ni José Rodríguez (Tabardillo) ni José Bayard (Badila) ni probablemente Mariano Ledesma, nuestro excelso rejoneador de toros, ni acaso la aplaudida Doña Matilde Vargas Zabaleta de Oliveira sospecharán que su noble profesión tiene un origen tan arcaico y augusto. Y sin embargo, así es ó así debe ser. Centauros se llamó á los antiguos guerreros de Tesalia, que fueron los primeros jinetes del mundo, pues antes de que ellos adquirieran la costumbre, la destreza y el arte de domar, caballos para silla, la guerra se hacía, como se ve por la Iliada, en carros tirados por dos, tres ó cuatro corceles. Los jinetes tesalios, una vez habituados á cabalgar, comenzaron á realizar ejercicios de cuyo riesgo y osadía no pueden dar sino relativa y remota idea los actuales concursos hípicos. No quiero ni pensar cómo se reiría un caballero de Tesalia al ver el llamado Gran oostáculo, ó sea la valla de 2,30 metros que hoy saltan con tanta dificultad caballos y jinetes. Agotada para los tesalios toda la diversión que puede haber en romperse la crisma saltando barreras ó abismos con ó sin toquet; hastiados ya de las delicias de la steeple chasse, discurrieron la más divertida forma de sport hípico... y ahora caigo en la cuenta de que no se puede considerar á los centauros como predecesores de Tabardillo, de Ledesma ni de Doña Matilde Vargas, sino más bien de Ponciano Díaz y sus compañeros, porque lo que hacían los centauros no era propiamente rejonear toros, sino ponerles banderillas á caballo, es decir, lanzarles flechas al sesgo, al cuarteo ó al relance. Centmiro, pues (de kenteo ó kentao, que significa punzar ú horadar, y tauros, toro) significa pincha- toros, banderillero á caballo ó precursor de Ponciano Díaz... y no hice mal en mentar á Badila, porque todos recordaréis que este distinguido pianista y actor puso banderillas á caballo y no en un hipógrifo de Tesalia, sino en un jamelgo con las tripas fuera, en esta misma plaza de Madrid, el día memorable de la despedida de Frascteelo. Pero, amigos, todo degenera, hasta en la mitología, y aquellos gallardos caballeros que por su destreza y aplomo en cabalgar parecieron ser monstruos mitad hombres y mitad corceles, y entre los cuales hubo algunos tan sabios como el famoso Quirón, médico y maestro de Aquiles, cometieron la torpeza de darse á la bebida, según cuenta el venerable anciano Néstor por boca de Ovidio en el libro XII de sus Metamorfosis. La cosa ocurrió en las bodas de Hipodamia y Piritoo. La novia era hermosisima, y un centauí o que se hallaba presente con otros de su raza, el bárbaro de Eurito, saevortim saevissime Centatíroriim, como dice el amigo Nason, se entusiasmó con ella. Metieron los cuatro remos los demás centauros y se siguió la guerra de éstos con los lapitas. Acostumbrados ya los centauros a empinar el codo, perdieron su destreza de flecheros. Ya no sabían manejar más que pedruscos y cachiporras, y al fin de la partida, tropezaron con el forzudo Hércules, c uien, como sabéis, unía la fuerza á la maña. El cual, con las mismas flechas que los embrutecidos y alcoholizados centauros dejaron de usar, acabó con aquella raza degenerada y no dejó un centauro vivo. Y este es uno de los primeros argumentos que pueden aducirse contra el alcoholismo, aun cuando creo que nadie lo imj- a empleado todavía.