Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
la cAial detenían estas dos terribles necesidades. Vedlo en ese Iionibre que estáis contemplando. Se levanta de la cama sin liaber reposado lo que su organismo egoísta le pide. Siente gran malestar, cuj- a causa ignora, porque es tan torpe que no se hace cargo de la necedad y el crimen que es vivir en un albergue tan reducido, sin atmósfera respirable, metido en un inmenso montón de guaridas semejantes, donde se amontonan las existencias y los detritus de las existencias de muchos millones de hombres. Mirad ahora en qué consisten todos sus cuidados higiénicos: en lavarse la cara y las manos con un líquido infectado por microbios de todas clases. Se viste un traje de tejido grosero, en cu a trama hay materias descompuestas en cantidad suficiente para que muriéramos todos los aquí reunidos, é inmediatamente experimenta una de las dos terribles necesidades ó, mejor diré, miserias que en aquel triste tiempo azotaban á la humanidad. No acaba de satisfacer el sueno, y ya tiene necesidad de alimento. Para satisfacerse, acude á un recinto obscuro y mal ventilado, en el que se reúnen otros hombres como él, soñolientos aún y mal lavados, ó sin lavar ni higienizar sus cuerpos. En aquella época todavía se usaba el tomar los aliinentos- -en comunidad, y parece que ésta era una ocasión de alegría estúpida, bestial, resabio indudable de otros tiempos anteriores, en quff- el juntarse para la comida era señal de juntarse para la defensa en la for Ufe. El hombre se ha llenado j a el estómago de substancias nocivas, que ni él ni los otros se cuidaron de analizar v se lanza á la calle. Tiene prisa, y se mete en un vehículo informe cié horrible, malsano tracjueteo, donde se reúnen gentes que van presurosas y mal vestidas. El hombre se entretiene, durante la fatigosa marcha, en leer un periódico. Entonces un periódico era un gran plano de celulosa, pringado de materias tintóreas diversas -todas dañinas, que al parecer remedaban los sonidos de las palabras y daban cierta confusa noción de las ideas y de los hechos. Al hombre se le conoce en el semblante apretado el trabajo que á su cerebro le cuesta abrirse paso por entre el montón de extrañas y contradictorias sensaciones que en él produce lo que, estropeándose los ojos, logra atrapar de todo aquel enredo. Al fin llega al sitio donde se dirigía; ya lleva en el cerebro buen número de inútiles productos; y como el sitio adonde va el hombre es lo que entonces se llamaba una oficina pública, que era algo así como un lugar de esparcimieny V i S 1 Vff salvaje, el homb. e se apresura á soltar 1 S i KSKt toda la carga intelectual que se le pegó I S B A J Í- j W i a del plano de celulosa. Otros hombres re trW V Hí I i- iT mueven y agitan diferentes conceptos, ó cosas que parecen conceptos, durante cuatro ó cinco horas; en ese tiempo, todos parecen más afanados en ensuciar el ambiente y hacerle mortal, chupando, para activar la combustión, de unos objetos pestíferos 3 repugnantes que se llamaban cigarros. Después de realizar un trabajo tan perjudicial para sí mismo y para los otros, el hombre sale de la oficina y vuelve á caer en brazos de su tirano el alimento. Vuelve, pues, á su infecto domicilio, ¿y qué diréis que hace? Masticar ó ingerir, según se ve, con gran complacencia varios cadáveres de diferentes animales y la substancia fétida que de los mismos cadáveres, se desprende. Euego torna á llenar de humo y de emanaciones mortíferas la habitación. Llega otra hoja ae celulosa llena de mentiras pintadas. El hombre cae sobre ella con furor. El trabajo de la digestión y de la lectura se juntan en su organismo, conspirando para destruirle, i S Viene la noche, 5 el hombre sale de su maí afe diiguera. He olvidado deciros el lugar de S v la acción. Todo esto pasa en la antigua España, en la- región llamada Andalucía. Sale, pues, el hombre de su casa al aire libre, bajo la escasa luz de los farolillos públicos; busca un rincón obscuro, donde se divisa la silueta de otro ser humano tras una reja sahumada por macetas de albahaca 3- de sándalo. Entonces el hombre hace lo único racional que era posible hacer en aquellos nefandos tiempos. Se pone á hablar de cosas poéticas y lindas con aquella mujer á la luz de la luna. A esto Wavashaxí pelar la pava. Al llegar á este punto Sipps, después de haber expuesto los hechos, com. enzó las inducciones. Y el auditorio salió tan complacido, como sale hoy el público cosmopolita después de haber visto- in un teatro del boulevard un vaudevüle ó una comedia de espectáculo. LEMA: T O M S A W Y E R DIBUJOS DE J. FR. 4 CÉS (NUMERO 32 DE NUESTRO CONCURSO DE CUENTOS FANTÁSTICOS)