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IvA. XvOTKllíiL j o de los que afirmen que el orig- en de la lotería, el iiiá 5? ñol d e t o d o s los j u e g o s se pierde en la noche de los tiempos, e atrevo á sostener que, respecto de este punto, todos los hallan en el más completo y absoluto desacuerdo, ería es muy antigua. H a y quien da como cosa segura que ía en tiempos de los hebreos, y que Roma, en la época de u decadencia, mostró singular predilección por este juego. La República de Genova autorizó y reglamentó la lote ía, destinando el importe d e s ú s productos á obras de fortificación. Los franceses han sido siempre muy aficionados á losjuegos de azar, y especialmente al de la lotería, que ya les era conocido en tiempos de Catalina de Médicis. Francisco I la reglamentó con arreglo á las exigencias de la época, y con ligeras modificaciones continuó funcionando hasta que la Convención la suprimió de un plumazo. Sin embargo, nuestros vecinos no han podido olvidarse de que un día fué su juego favorito, como lo demuestra el hecho de que diariamente salgan para Francia considerables sumas de billetes de nuestra lotería. Los alemanes también han sido buenos aficionados. Pero no obstante constituir un pueblo grave y sesudo como pocos, cuéntase fiue, en cuanto á la lotería, llegaron al colmo de lo extravagante y lo inverosímil. Fn tiempos lejanos, según referencias de los historiadores, existía en Alemania una lotería en la que sorteaban lotes consistentes en una población entera, treinta aldeas, diez mil hectáreas de hosqne, un palacio, etc. etc. Lo notable del caso es que el precio de cada billete no excedía de veinte marcos. F n Portugal no existe la lotería, siendo los billetes de la nuestra rm contrabando perseguido de muerte por las autoridades lusitanas. El infeliz mortal que dentro del territorio portugués es acusado de poseer un billete de la lotería española, además de dar con su huesos en la cárcel, tiene que pagar una barbari j, dad de miles de reís en concepto de multa. (i En España, lo mismo que en casi todas las Reprt blicas italianas, la lotería comenzó siendo una rifa entre particulares. Los españoles siempre hemos sido muy aficionados al juego, con. stituyendo él nuestra diversión favorita lo mismo en la paz que en la guerra. F n los gloriosos tiempos de la Reconquista, nuestros guerreros di. straían sus ocios jugándose tranquilamente el botín cogido á los moros, lo cual dio motivo para que Alfonso el Sabio, con objeto de evitar ¡as fullerías á que los juegos de azar y envite se prestan, publicase el célebre Ordenamiento de las Tafurcrias, ya- á. especie de reglamento para las casas de juego, á las que concurrían con asiduidad escandalosa indivicluos pertenecientes á todas las clases sociales, y en las que se jugaba el dinero en la mejor armonía; sin perjuicio de salir luego á cintarazos para dúscutir cualquier mala jugada ó fullería, pues ya en aquella época se procuraba ganar el dinero por malas artes. III, después de un meditado estudio, organizó seriamente la lotería, disponiendo que sus productos, igualmente que los de las corridas de toros, se destinasen íntegros al so. stenimiento del Hospital de Madrid. Como la lotería comenzó á adquirir importancia y el número de sus adeptos era cada vez mayor, y como además su organización disertaba mucho de ser perfecta, la. s históricas Cortes de Cádiz diéronla nueva reglamentación, aprobada en lo de Diciembre de 1811, que no empezó á practicarse hasta el 4 de Mayo de 1862, La Instrucción vigente de Loterías fué aprobada en 3 de Diciembre de 1882. F 41 1887, un Ministro de Hacienda de la clase de reformistas ideó y puso en práctica el sorteo de la lotería nacional por el sistema de irradiación; pero la reforma, lejos de dar chispas, determinó tan alarmante baja en la renta, que hubo necesidad de enviar el novísimo procedimiento al almacén de las cosas inútiles. Lo octrrrido tiene explicación natural y lógica, porque aun siendo el sorteo por irradiación indiscutiblemente legal, el quitarle al jugador de pura sangre la ilusión de buscar con avidez su número en la lista grande, que suele dar los más soberanos camelos, es dar el golpe de gracia á su afición á la lotería. De aquí que el nuevo sistema no lograse echar raíces. La lotería ha llegado á constituir una de las más saneadas rentas con que cuenta el Tesoro público para el sostenimiento de las cargas del Estado. A ella apelan los desheredados de la fortuna como medio de salvar de el que la paso la sino para el a fortuna no es para un solo busca, gigantesca distancia que separa al menesteroso del opulento. MANUEL S O R I A N O Pero es inútil, porque como dijo no sé c ué sabio que la D I B U J O UE E. E S T E V A N encuentra.