Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i L A UüER Y LA (MONÓLOGO) IpTiGURA i. a- ¿Les parece á ustedes que es tan fácil saber llevar un hoa con dignidad y elegancia? No sean ustedes inocentes. Cuando el boa era una simple y raquítica bufandita ó un tapabocas de piel, claro está que no se necesitaba arte alguno para llevarle; pero hoy, como ustedes ven, el boa tiene unas proporciones terribles, una magnificencia extraordinaria y hasta un nombre sacerdotal: se llama estola. La primera postura, con el entmtícas por lo que pueda tronar, es de lo más serio que puede verse. Como que es necesario dulcificarla con una sonrisa, porque si no, parece que está una de monos con la humanidad entera. FIGURA 2: ¡Pues no les digo á ustedes nada si á la seriedad del boa se añade la gravedad del manguito, de este manguito enorl me que ahora ga. stamos, y que trae no cola, sino colas, todas las más que se puedan. Parapetado el busto detrás del boa, las manos y el talle en el manguito, y la cara defendida por un velillo algo espeso, resulta una postura que equivale á una proclamación de hostilidad manifiesta capaz de enloquecer á todo el sexo contrario. Porque, desengáñense ustedes, hay momentos en la vida de los pueblos, digo de l a s chicas solteras, en los cuales conviene poner cara de palo y andar por la calle como si la calle fuese para una sola, sin fijarse en nadie ni en nada. FIGURA 3. a- -Pero esa táctica japonesa al c a b o del tiempo, resulta desgradable y, en ocasiones, contraproducente. Sin p e r d e r la naturalidad ni el aplomo, sin ceder una chispa de orgullo, sin hacer ninguna concesión intempe- stiva, hay un primer m o v i m i v n t o de atracción que, en todos l o s c a s o s ¡créanme ustedes! resulta ines el ademán de acariciarse la cara manguito. ¡Ademán comprometido, para el que se necesita mucha mano izquierda y una cabecita que se incline suavemente, sin subrrayar. sin que llegue á libertad lo que no es más que un leve síntoma de coquetería! FIGURA 4. a- -Llega, sin embargo, un momento de vacilación por la parte contraria, y nada más sencillo que adoptar una actitud expectante. Es decir, como fácil, fácil no lo es mucho el movimiento de embozarse en la estola, cruzándola sobre el brazo izquierdo y abandonando la man ecitadel mismo lado, sin apoyarla, un poquito más abajo del... ¡iba á decir del corazón, pero no; es un poquito más abajo del cuello de encaje. Esto es muy arriesgado, porque, á poco que una se descuide, parece que va á cantar un aria del antiguo régimen. FIGURA 5. a Por fin, es preciso resolverse, tomar un partido con bravura. En este caso, el movimiento no tiene malicia. Apoya usted el manguito en la cintura y deja caer el boa como una bandolera, que cruza airosamente por delante y por detrás. Esto ¿es una declaración de guerra? ¿es un armisticio? ¿es una paz definitiva? Vean ustedes una cosa que no la conoce nadie rilas que el propio interesado. Fotografías Muñoz de Baena