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UNA BODA EN MARRUECOS p T matrimonio, en lo que tiene d e mise tn sc iif, es siempre curioso y reviste las nids distintas y va liadas formas dt -w! 7 í- íiíj, Pero poros países tan iiiteresautcs. desde el p u n t o de vista d e la escenoíírafia malTiinoaial, couio el Tinpcno marroijui ó dt- 1 J i o h g r e b n) aí; brtíb, como dei ímos los eruditoíi. ll día dt? la boJa, real ailo, s oíros importantes y rcservüdí. iiji os prtpnrativúí: I: t novia envuelve sn aromoso cuctpo, en rasado cun fuertes é intensas esencias. ÍTJ n n a amplia capa blanca. Colocada deuUo de unae. spccie d t liU ra, es con (Incida por nn caballo ó camello (si está disponible) I esposo invita á- SUS relaciones, v á Í X IÍ, L M a c u d e n de todos los a d u a r e s próximos en n ú m t r o de dfscitiitos 6 trescientos ó jnásn scjíún los casos. Al frente d e la comitiva nupcial van conio en van; Lrusídialos parientes v amjVos íntimos d é l o s recién casados provisturi d e fusiles p a r a entretener el lienips? haciendo salvas en bítiior de a deí posada de tal m a n e r a y con tal estrépÍLo de púlvor: í, q u e más qut? á casarse parece q u e in á la ¿rnerra. Cuando termina la j o m a d a y los esposos llej an al aduar, las solteritas y aun las que se lian quedado para vestir al Zancarrón de Mahoma, forman nn cj rculn alrededor de la novia, á la que dejan en el centro como si j u g a r a n al pax- o, y comienza un pintoresco baile, u n a orijíinal dan a con aconipañan ú c n l o d e tambor y pífnano. Luego, y sobre un j a i q u e extendido en tierra lentamente, van depositando, al pasar, u n a monedea para q n t los pobres esposos leOL- an si TI d u d a dinero suficiente con q n t poder pairar líL jueriTuccíia. Jn preírunertí, al q u e por cierto nu le darJ un cuario de lo qiic recauda el m a l r i m o lijo, dispOHTcit n que sin d u d a dio ori jeu á la piadosa advertencia española de r i fif im tuart af prr ¡Ronero, inuncia en alta voz, si la tiene, la suma total de lo recoj ido, averiiíuándolcs de past fl porvenir al niatrimoiiío, con otras arJivinacioncs del pensamiento. Los hombres, por su parte, se dedican á cor r e r la pólvora en tanto duran los bailes y danzas del bello sexo; poro t e r m i n a d a s estas libres expansiunes d e la j u v e n t u d consumidos los ñltiiuos cartuchos, todos se reúnen en nmi ahle y fraternal banquete y devoríin enormes fuentes de alcuzeu pollos, dulces, ínitaií, etc. prolunj audosc el saque hasta medtii noclie. Al sijíuientc día. la esposa se viste d e bUneo; se culoca un chai rojo sobre los hond. nns; cubre su cabeza y ¡inrir- del re itro con u n a capurn ía acompañada de los parientes más próximoEi y d e l o s aniij os q u e han sido presentados eti el a d u a r y que ya disfruiaii de cierta confian a recorre los a d u a r e s vecinos dándole otro Jíolpecito ¡I la recaudación, un s e c u n d o saf ¡a de dinero. Aquello, más q u e u n a comitiva nupcial, parece u n a estudiantina postulante. Una vez paliado e! escote por cada vecino, el esposo se marcha con los cuartos al campo, y la espos. i se queda en casa entreíjada íi las labores propias de su se. o, incluso la de pedir n u e v a m e n t e dinero si hace falta. A los pocos meses, y lo mismo q u e sucede en los países civilizados, cuando se agotan los recursos al matrimonio el a m o r p e r e c t y se cNlÍn ¿jUi: f y no hay tambor ni pífano que lo vueU a á rc? ucilhT, r, L. G. DIBUJO m