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p L año de 2126 se marcó en los anales de la ciencia y eu la historia de la humanidad por un suceso que trastornó, en poco más de treinta años, todo el orden del mundo y estuvo á dos dedos de resolver el problema social, á la sazón mucho más g- rave v enredado que nunca. Los experimentos de Krawiusky, el célebre fisiólogo y naturalista noruego, confirmando los realizados en el siglo XX por el americano Yung, por Thury y Maupas, llegaron á producir el resultado apetecido respecto á la predeterminación del sexo durante la gestación humana. Krawinsky, al frente de la casa de maternidad de Bergez, logró en un 97 por 100 de los casos estudiados y sujetos á su tratamiento, predecir con absoluta seguridad si los hijos de las mujeres ingresadas en aquel benéfico establecimiento serían hembras ó varones. Para ello desechó por completo Krawinsky el desacreditado sistema de las temperaturas altas y bajas, 3 a empleado con relativo éxito en 1900 por Thury. Creía este eminente observador que la determinación ó selección del sexo podía verificarse sin más que someter á la mujer en cinta á diferentes cambios de temperatura. Pero este tratamiento, entre otros muchos inconvenientes, tenía el de que la salud de las pacientes se resentía, y hasta en algunas de ellas se declararon síntomas de reumatismo, de anemia 3 aun de tuberculosis. Fué, pues, necesario desecharlo. Un arqueólogo de la Medicina, Fournier, estudiando los textos de los médicos árabes de la Edad Media y comparando sus afirmaciones con los relatos de casos de sugestión recientísimos, creyó y practicó numerosas experiencias relativas á este trascendental asunto. L, a sugestión sólo produjo efecto en un limitado número de casos. Las mujeres de temperamento nervioso, las histéricas y epilépticas, por medio de la sugestión daban á luz varones ó hembras, á voluntad del operador, pero los hijos nacidos en tales condiciones se desgraciaban ó eran candidatos casi seguros á la locura, al crimen, á la idiotez ó al alcoholismo. Fournier y su escuela se desacreditaron más pronto que Thury. Estaba reservado á Krawinsk el conseguir la realización completa y verdaderamente científica de un deseo tantas veces acariciado por la humanidad. Fijándose especialmente en los ensayos hechos en los últimos años del siglo x i x por el Dr. Schenk, comprendió Krawinsky que el problema había que referirlo y concretarlo á una cuestión de alimentación; partiendo de estábase, estudió sucesivamente los efectos de todas las especies animales y vegetales y de su potencia nutritiva, llegando después de muchos estudios y experimentos, hechos con toda la calma en un período de veinticinco años, á sentar los principios fundamentales de su tratamiento, hoy ya tan vulgarizados, que es innecesario repetirlos aquí. Baste decir que, consecuente Krawinsky con la opinión general de que un hijo varón es la obra maestra de la Naturaleza, estudió la alimentación de las señoras que deseaban tener varones, metodizándola y planeándola en forma tal, que si se obedecía punto por punto todas las prescripciones del sistema, no había duda: el resultado era el apetecido. Pero el sistema, una vez demostrado y llevado á la práctica con la sencillez y facilidad propias de todos los grandes inventos, ofrecía algunos serios inconvenientes para las señoras finas, delicadas, melindrosas, toda vez que la nutrición conducente á conseguir un hijo varón era principalmente ve-