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El duque le empujó, refunfuñando, hacia el palacio. Se había calado hasta los huesos en tan larga espera. Xo podía aco. starse tiritando. Entró en el ha. a, y sin pasar de allí mandó á Jack que encendiese la estufa alemana de gas. Brilló pronto la azulada llama en su caja de cristal recio, y mientras Jack subía por ropa de noche para que el señor se mudase ante la lumbre, quedó el duque solo en la anchísima habitación sin más luz que la de la estufa, pues el criado tuvo que llevarse la vela. El hall del palacio de Thasis era un salón inmenso que ocupaba toda una fachada del edificio. Un tabique de cristales le separaba del jardín. En la pared frontera al tabique apoyábanse hasta veintitantos caballeros de cartón, armados de todas armas, en actitudes vigilantes y prevenidas. Los yelmos, las borgoñatas, los bacinetes, los cascos de torneo pulidos y brillantes, aoarecían erguidos con fiereza, 1 W 1 -i S- í Wi r- n í. -vií íi f e C í- n í- n jr; y sobre ellos campaoan penacnos ae plumas rojas, de plumas blancas, de plumas azules. La inquieta luz del gas, muy escasa para alumbrar tan grande espacio, andaba huj endo y sacando reflejos pavorosos de las celadas, de las baberas de los petos, de los guanteletes, de las grebas de los quijotes; parábase en las desnudas hojas de los montantes, relucía en las moharras de las picas, arrancaba siniestros brillos de las escamosas rodelas. Por cima de las armaduras corría una hilera de cuadros viejos, con dorados marcos barrocos rematados en copetes de cornucopia; la madera estofada lucía góticas hojarascas de cardo, ramos de gruesas frutas talladas por algún italiano renaciente, pesados racimos y pámpanos alegres trazados por algún maestro del gusto rococó. Dentro de aquellos marcos campeaban las venerables figuras de los antiguos señores de la casa de Thasis: adustos y aferruzados los ceños, contemplaban á su vicioso y degenerado descendiente, que estaba tiritando ante la chimenea. Y el más viejo de todos habló. Era un señor de luengas y rozagantes hopalandas, de barba blanquísima, de plana y ancha gorra, pintado en tabla por Vntonio del Rincón, el pintor de los Reyes Católicos; fué aquel procer un héroe en Baza, en Loja, en Santafé, y con pausado discurrir, en frases de corte latinado, como las de Hernando del Pulgar, tuvo para su aterrado descendiente amarguísimos reproches, que la pluma más diestra en arqueológicos remedos no sabría copiar.