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GEflTE n E f l U D A II M jé fe 3 r T, i- t i. ICTOTJIPTTAG M A T i r P a t FQ Ved a q u n m anlmalito que desde pequeao Comienza á proJ J V KJCJ A a JN J uivy- i. EB. pojcionarnos disgustos y rabietas, y que cuando llegamos á EL BACALAO. la mayor edad tampoco nos acarrea placeres muy estimables. Cuántas veces, al tomar á regañadientes y con reconcentrada repugnancia el aceite de hígado de bacalao que os suministra la mamá cariñosa para que os fortalezcáis, habréis sentido la mayor antipatía contra aquel pez, cuvo hígado constituye una de las primeras amarguras útiles de la vida! El aceite de hígado de bacalao es quizás la primera lección de energía y aguante que se nos da para que emprendamos con resolución la lucha del vivir: como todas las grandes y provechosas lecciones, nos cuesta llorar, apretar los dientes y tragar no poca saliva amarga. Más adelante llegamos á hombres, y este pez de carne áspera, desabrida y saladísima, se nos presenta mil veces disfrazado con librea roja de pimientos y tomates ó solapándose como un hipócrita entre los inocentes granos de arroz. El que es muy delicado de paladar protesta contra el bacalao. El que es hombre sufrido y de coraje se lo traga valientemente. Pero sólo el que tiene un carácter bonachón y está dispuesto á contentarse con cualquier cosa en este mundo, afirma que el bacalao es un bocado exquisito. No hay tal cosa, hijos míos: nadie cree de veras que el bacalao sea un plato digno de elogio; pero vosotros que siendo niños aceptasteis como unos hombres la dura prescripción del aceite de hígado de bacalao porque deseabais ser robustos de cuerpo, también sabréis aceptar la imposición durísima del bacalao como alimento, porque seguiréis deseando fortalecer vuestro espíritu. Y mirad de que medios tan ingeniosos se vale la Providencia para hacernos más llevaderas las cargas de la vida. Un bacalao, es decir, el pescado más barato y humilde, el que todos los pobres comen, guarda entre sus espinas una severa y profunda lección de Moral, que aprovecharéis, según creo. Pero lo más notable es q u e d e l bacalao tenéis y tenemos todos una idea fantástica. ¿Quien podra figurarse que eso que parece un triángulo de madera vieja, una pala, un soplillo ó cualquier otro objeto prosaico, sea, como es cuando está vivo, un hermosísimo pez con brillantes escamas, con fuertes aletas y airosa cola, en suma, uno de los seres más arrogantes que surcan el mar? Pues, sin embargo, así es, V entre otras propiedades notabilísimas, posee una fecundidad tan extraordinaria, que cada bacalao hembra puede tener anualmente hasta diez millones de hijos, puesto que pone esa cantidad de huevos. Sabido esto, comprenderéis por qué hasta en los más apartados villorrios se encuentra siempre una tajadita de truchtiela ó (tpezpalo, que son las dos más modestas especies de bacalao. Habéis de saber que no es sólo de Escocia (como rezan los carteles que habréis visto en las tiendas de comestibles) sino también de Noruega, de Islandia, y más aún del famoso banco de Terranova, en la América del Norte, de donde proceden tantos millones de bacalaos como se consumen en todo el mundo La pesca de estos animalitos tiene poquísima ciencia. Ni siquiera hace falta poner carnaza para en rañailos pues son tan extremadamente glotones, que con echar el anzuelo y una bala de plomo para que éste caica bien hondo, el bacalao se lanza sobre él y se traga plomo, anzuelo, cuerda, y al pescador mismo si se descuida. El bacalao lo engulle y lo digiere todo: cangrejos de mar, langostas enterítas, cuerdas, pedazos de madera... Así que seáis grandes, ya tropezaréis con otros bichos no me nos voraces, pero que no son comestibles. DIBUJO DE RE 6I D 0 R