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á otros compañeros, que i han hecho caso, porque entre la gente del oficio tantos fríos y tantas hur des como c o g e m o s abundan mucho los... vamos, los que andan mal de la sesera, solemos no hacernos caso unos á otros en todo aquello que no se refiere á noticias políticas; pero yo lo he visto, lo he visto y quisiera que alguno de u s t e d e s me hiciera caso y procurara verlo también, porque, á mi corto entender, la cosa t i e n e bastante migaymerece lapena de llamar la atención. El que no está acostumbrado á estas cosas no s a b e que no hay en el mundo nada que se pai ezca tanto á una corrida de toros como un Consejo de ministros. No lo digo por nada, sino por la imp en los que asisten al Con da, que es la mismita im al Consejo, como al ir á 1; aficionados, quiero decir, tros, van alegres, contenta nos de buenos propósitos qtie van á salvar al país aquellos que llevan en ca mismo que al volver de ellos salen tristes, cariac un humor de todos los día diga el que se les haya ac Es lo que decía el pobre C trar al Consejo, todos los ministros son Veraguas, pero ahí dentro se vuelven de Miura. Pues bueno; yo he averiguado en qué consiste este fenómeno, como dicen los superhombres y don Nicolás Salmerón; y al averiguar esto, he descubierto cuál es la causa de que los españoles estemos tan mal gobernados, y afirmo que seguiremos así hasta que no se derribe el salón de la Presidencia ó se ahu 3 ente de él la mala sombra que le habita, por mi cuenta desde hace siglos. Y diré más: diré que todos los ministros y los presidentes son buenos, ó por lo menos tienen buenas intenciones; pero la mala sombra los echa á perder á todos y hace desgraciado al país. Yo la he visto, yo, yo, Fulgencio Corondel y Regletín, repórter de El Independiente desde mis más tiernos años hasta ahora, que ando por los cincuenta y tres. ¿Y sabéis lo que es? Mirando por el agujero de la cerradura, se ve que apenas comienza el Consejo, detrás del sillón del presidente comienza á proyectarse en la pared una gran mancha como de humo, que al principio no se sabe lo que es; pero se pronuncia una de esas palabras que son la pesadilla de la nación, la palabra caciquismo, la palabra déficit, la p a l a b r a cuestión social, la p a l a b r a clericalisino, la p a l a b r a hambre, atraso, guerra, etc. y d e p r o n t o l a sombra va tomando forma humana, es decir, humana tan sólo no, porque por un lado sale un sombrero de alas anchas, por otro un brazo de hombre con un canuto, por otro una cabeza de caballo, por otro las manos del mismo caballo levantadas al trote; y desde el instante en que la sombra toma cuerpo, sm que lo noten el presidente y los ministros, ya no hacen éstos más que cometer disparates y desaciertos, torcerse las buenas intenciones que llevaban, mirar cada uno por su medro y por eso que llamamos los intereses bastardos y mezquinos, y... nada, que no es posible; todo sale al revés, y el pobre país es el que se revienta. Cada vez que se toma un acuerdo disparatado ó lesivo para los intereses generales, la sombra agita los brazos y el canuto en señal de alegría, el caballo patalea y da brincos y corvetas de gozo... Y todo esto, ¡mentira parece! no lo ha notado nadie; no lo han querido ver las muchas personas á quienes se lo he dicho. No tenía yo la menor idea de quién fuese el personaje representado por aquella sombra; pero hace pocos días tuve que acompañar al Museo de Pinturas á un pariente que ha venido de provincias en clase de isidro, y allí, en la sala de Velázquez, vi á la sombra, digo, al personaje que la sombra representaba. Va trotando en una jaca muy gorda; tiene grandes bigotes y cara de pocos amigos: la cara de todos los ministros cuando acaban de celebrar Consejo. Miré el catálogo, y supe quién era el personaje cuya sombra me es tan conocida. Era D. Gaspar de Guzmán, conde- duque de Olivares. LEMA: CORONDEL D I B U J O S DE MÉNDEZ BRINCA (NÚMERO DE NUEáTRO CONCURSO DE CUENTOS FANTÁSTICOS)