Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i MBRA GOBERNANTE SNTO FANTÁSTICO- POLITICO OS lectores, si llego á tenerlos, habrán de perdonarme laíorma poco parlamentaria, digo, poco literaria en que escribo esto que no es cuento, ni cosa que lo valga, sino sucedido, que conoce bastante gente, aunque no sean muchos los que lo han divulgado. ívo tengo costumbre de meterme en escarceos literarios, á pesar de llevar treinta años de mi vida consagrado á escribir todos los días para el público; pero el g- énero que yo cultivo es la vil prosa noticiera. No he leído á los clásicos, ni creo que ninguno de ellos valga un pimiento, en comparación con el difunto maestro Perreras j con el no menos difunto maestro Vargas. Para mí que los clásicos estaban mal informados casi siempre. A Lope de Vega ó á Quevedo quisiera yo verles sacándoles las verdades del buche á los ministros, á estos ministros tan marrajos que se gastan en España. Yo he oído decir que en el Extranjero no son así, que allí todo se les vuelve facilidades, complacencia con los reporters Ó reporteros, COmo, según me ha dicho un cajista, nos llama ahora el Diccionario de la Academia. ¿Han visto ustedes qué palabra tan denigrante? Reporteros... como quien dice, dos veces porteros... Y pensándolo bien, el mote no deja de tener cierta filosofía aplicada á los reporteros ó noticieros políticos, como un servidor de ustedes, porque la verdad es que nos pasamos lo más florido de nuestra existencia sirviendo de tertulia y diversión á los porteros, y de sobrante ó exceso de peso en las porterías. Re... porteros, igual dos veces porteros. Después de todo, está bien; no merecemos otra cosa, ¡porque miren ustedes que andar así toda la vida en las antesalas de los pájaros gordos, cotizando una sonrisita, un apretón de manos ó una palmada en el hombro! ¿Qué digo? si hay hasta quien cotiza los pisotones. Aún no hace dos años que enterramos al pobre Chiinflín, el de El grito nacional. ¡Qué hombre aquéll Figúrense ustedes que toda su vida llevaba una bota de becerro y otra de paño, ésta última en el pie izquierdo, porque gastaba un juanete horroroso, y el hombre contaba, llenándosele la cara de orgullo, que aquello provenía de un pisotón que le dio el general O Donnell, una vez en que el propio Chunflín estuvo á dos líneas de revelar á sus compañeros un secreto de Estado. Los porteros de la Presidencia llamaban á Chunflín el señor del pisotón, porque no se pasaba semana sin que les endilgase un par de veces la historia del pisotón... Pero ¿qué enredos estoy armando aquí? ¿Ven ustedes? En agarrando la pluma... Nada, que no sirvo, soy rematadamente torpe para hacer literatura, y estoy viendo que no me va á salir el cuento. He debido darle la idea á Regúlez, el superhombre que tenemos en el periódico para eso de la literatura, y él le hubiera puesto unoslirios y unos rayos de luna que no habría más que pedir. Pero es verdad que hubiera cobrado también, porque estos superhombres son unas fieras para la caja. No, no, más vale que yo trate de contar el cuento, sin más divagaciones. Pues, señor, todos ustedes conocen el salón de la Presidencia del Consejo de Ministros, y digo que lo conocen todos ustedes porque yo me metí hace años una vez en el salón con un fotógrafo de estos del magnesio y empezé á disparar fogonazos á derecha é izquierda hasta que se pusieron negros los cristales. Por consiguiente, j a saben ustedes cómo es el salón, dónde se colocan los ministros, es decir, dónde se colocaban cuando vivía D. Práxedes; el pobre, ¡qué bueno j qué complaciente era! ¡Diferencia va... Pero no divaguemos otra vez. Yo muchas veces he mirado por los agujeros délas llaves el interior de aquel salón y otra multitud de interiores. ¡Digo, si y o me pusiera á contar interioridades! Pero, vamos al grano. Aunque á los reporters no nos dejan llegar hasta las puertas del salón, y hasta ha habido Presidente del Consejo de ministros tan descortés y tan bruto como... ¡Dios me perdone, ya iba á soltar el nombre y apellido! que no nos dejaba ni asomarnos á la escalera y hacía que nos diese la nota oficiosa un guardia civil de los de la pareja que hay en el portal; pero con todo y con eso, yo muchas veces he logrado colarme hasta una puertecilla que da ni más ni menos que enfrente del sitio en que se coloca el amo. Quiero decir, el presidente. Desde allí he visto lo que voy á contar, y muchas veces se lo he contado 1