Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ba ciiDsnción cle a o T y d A reforzar las tropas enemigas mandadas por Arminio habían acudido bárbaros del Norte y Sur; de las márgenes del. Ivippe, bruoteros, niarios, tubantes y sicambros. Metido el ejército en la estrechura, habíale sorprendido la noche, y fué forzoso acampar en el lodo seco. Rodeaba al campo romano el monte, ascendiendo en anfiteatro y erizado de selva espesa. A la luz de las hogueras diseminadas en la estrechez del campamento veíanse cruzar los grupos de 1 s manípulos, y destacábanse las siluetas de los vexilarios dando guardia á los trofeos. En el centro, é inmediatos á las tiendas del caudillo, alzábase el tribunal, construido con césped v coronado en penacho por las águilas y las banderas. Acababa de descender de la meseta el tribuno. Sus últimas frases dirigidas al ejército fueron seguidas de un silencio solemne, y repercutieron en la selva vecina con eco siniestro. Ivos centuriones vocearon nombres; los decurios llamaron otros entre los velites. Iba á procederse á los castigos de rigor; habíase vuelto á introducir la ley sabia de Imsae majestatis. Turbó un instante el silencio el choque de las armas al apretarse en las filas los soldados para dar paso á los nombrados. Y éstos, en buen número, desfilaron por entre el claro y sombra que proyectaban las hogueras, y fueron a perderse en el bosque vecino, conducidos por una cohorte auxiliaría y una tropa de vexilarios. Quedóse rezagado un veterano, y protestó destempladamente del castigo, mostrando sus gloriosas cicatrices y arrancándose de un puñado el casco para mostrar sus encías rasas de dientes perdidos en sus largos años de permanencia en filas. Quitóse las calígulas (i) y golpeó con ellas el suelo invocando los manes. Los centuriones cayeron sobre él con sus varas de flagelar, y fué arrastrado y empujado al bosque. Siguió el silencio solemne, turbado á intervalos por el rumor nemoroso venido en creciente del fondo de las selvas. Debió cruzar por la imaginación de los soldados el horror de las sediciones pasadas, la cruel dureza de Cecina, la actitud de Germánico y el gesto vigoroso y audaz de Menino, reduciendo á los veteranos sin otras armas que la actitud y lo estentóreo de la frase. Una tropa de velites vino á dar noticia de la presencia de los queruscos v de las avanzadas de Arminio. Acomodáronse las legiones: la quinta al lado derecho; la veintiuna al izquierdo: la primera para auxiliar la vanguardia, y la veintiuna para asistir á los de retaguardia. Poco después, un resplandor lejano alumbró las cimas de los bosques que circundaban el campamento de las legiones. Resonaron las caracolas y las trompas bélicas de los bárbaros, y siguió al estruendo confusa gritería, interrumpida por cantos lejanos y zumbidos semejantes á truenos arrancados al golpear sobre pieles estiradas en los escudos. Corrió por las filas de los hastarios la consigna llevada por los decuriones páralos vigilantes, y dióse al resto la orden de descansar sobre sus puestos de formación. Fué por deinás inquieta la noche. Los bárbaros, con alegres cánticos y horribles gritos henchían el vahe e inundaban con rumor de marea desbordada los bosques resonantes. Ivos romanos, echados acá y acullá entre los reparos, al abrigo de las hogueras, en derredor de las tiendas, antes desvelados que somnolientos por el exceso de cuidado y de fatiga; quiénes, los más, dormían sobre el encharcado suelo, y los menos discurrían en corros ó vagaban como sombras por entre los claros de los manípulos. Las zozobras del día tenían al ejército desasosegado é inquieto. (1) Especie de calzado.