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GEMTE A EMUDA i l Á L O G O D E L A S 9 derecha le M a xr n s; dij o a la izquierda: -jvv j- s jo. Hija, yo no he visto desfachatez como la tuya. Eres lo mismo que yo, has sido criada para servir al mismo hombre, debes tener igiial fuerza que yo, y, sin embargo, eres perezosa, torpe, cobarde, descuidada y tienes otros mil defectos que me callo. Cuando hay que trabajar en cualquier oficio ó menester, haces todo lo posible por escurrir el hombro y solamente acudes cuando ya no tienes otro remedio. Si se trata de escribir, mientras yo correteo leguas y más leguas por el papel, cargada con la pluma y haciendo infinitos viajes desde el papel al tintero, tú te estás quietecita y sosegada sobre la mesa, ó cuando más, te empleas en sujetar el papel, lo cual no te ocasiona la menor incomodidad. ¿Hay que pelear á puñetazos ó con la espada propia de los caballeros? Pues para nada sirves: mientras yo salvo la vida de mi amo, tú te apoyas modestamente en su cintura ó te paseas por su espalda, resguardándote de todo ataque. Si es para comer, aun cuando tú empuñas el tenedor, ¿qué sería de nuestro amo si yo no manejase el cuchillo? En fin, no sirves ni para abrochar un botón, ni para hacer el lazo de la corbata... Hija niia, eres una holgazana de siete suelas y no mereces llevar el nobilísimo nombre de mano, ni menos llamarte hermana mía, puesto que yo presto tan eminentes servicios al hombre mientras tú no le sirves de la menor utilidad. ¿Has acabado ya tu discurso? -contestó la mano izquierda. -Porque voy á contestar á todas tus acusaciones. Tú me motejas de holgazana y desidiosa y alabas sin medida tus servicios, porque no tienes fe en otra cosa que en la acción, y has de saber que si es bueno hacer muchas cosas, no han venido los hombres al mundo para ese único fin. Mientras que tú, dirigida por el sabio ó por el poeta correteas en el papel, no te fijas en que sobre mí descansa la abrumada frente del escritor, es decir, que si tú le ayudas á componer, yo le a 3 aido á pensar, que es más importante. Cuando se trata de pelear, tú estás pronta á alzarte cerrando el p iño ó requiriendo la espada, porque tienes un natural violento, tienes muy malos prontos y estás siempre dispuesta á la agresión. Yo, en cambio, permanezco prudente y sosegada, no me meto en disputas- sangrientas, porque como estoy al lado del corazón, sé lo que vale la sangre; mas si llega el caso de la defensa, yo defiendo el cuerpo de nuestro amo, clavándome en su. cintura para eqtiilibrar tus movimientos y darles fuerza. Para comer, tú misma reconoces que yo manejo el tenedor, y aunque tú uses del cuchillo, esto no le sirve de nada á nuestro amo, que no va á cometer la incorrección de llevarse el cuchillo á la boca; se come con el tenedor, y como esa es la acción más fina del yantar, soy yo quien la ejerce. En cuanto á lo de los botones y la corbata, no quiero hacer caso, porque semejantes mentidencias no merecen atención de una mano bien nacida. Pero además yo te soy superior, superiorísinia por otro concepti que en dos palabras voy á decirte. A ti te han ed- rcado desde pequeña, te han dirigido, te han acostumbrado á la acción, mientras que eii mí todo ha salido de mi buen natural, pues nadie se ocupó en instruirme y yo sola me hago lo que sé, sin que nadie me lo enseñe. Total, que soy mejor que tú, como es siempre mejor el que cede á sus impulsos naturales buenos, y piensa que el que imita ó repite lo que le han enseñado, no sabe más que hacer cosas, DIBUJO DE SANCUA