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jorre e ISTORIETAS NATU- u n a n i m a l d e broma. Tiene la RALES. EL YAK cabeza de toro y El yai: p a r e c e ÍÍ r no es un toro; tiene la cola de caballo y no es caba lio; tiene la giba de camello y tampoco lo es; tiene las patas como las de esos perros- de lanas largas, y en ninguna otra cosa más se parece al perro, ni al caballo, ni al camello. En cambio, al toro sí que se parece en codas las cosas importantes, pues como la cabeza es lo principal, por la cabeza es menester juzgar y calificar á los animales y á los hombres, y no por los pies ni por la giba. Si se le cortase la cabeza, el yak parecería un manguito gigantesco y á medio apolillar. Eos niños madrileños conocen á toda una familia de yaks que habita en el Retiro, compues e y a k papá, j- ak mamá: y y a ¿í ios chicos. Son u n a familia bonachona y bien avenida. El padre ostet magnífico gabán de pieles negras, y en la joroba luce una especie de vistas ó c zír ¿blanco; blanca titile también la cola y poblada como la de un caballo cordobés. Ea madre tiene todo el pelo blanco y un aire de resignación y bondad que infunde respeto. Se diferencia del macho en que á ella las lanas tíe las patas le llegan hasta el suelo; de forma que, al parecer, anda arrastrándose, como si tuviese lo ¿pies por debajo de tierra. Como el pelo les abulta tan desmesuradamente, los yaks resultan unos animales desproporcionodos, cortísimos de patas, achaparrados y nada garbosos. Cualquiera pensaría que estos bueyes de patas tan cortas eran lentos y pesados como los bueyes de Castilla. Además, la expresión de la cara del yak más bien denota lentitud y reflexión que ligereza y vivacidad. Pues bueno; ved cómo no hay que juzgar por las apariencias. El yak en estado salvaje y hasta en el de domesticidad es uno de los animales más ligeros del mundo; aventaja en el correr á los mejores caballos, é iguala al corzo y al ciervo en la seguridad y firmeza con que pisa, andando por los sitios más peligrosos y por los más enriscados vericuetos. Esto se explica, porque el yak se cría exclusivamente en las m. ontañas del Tíbet, en Asia, no en Siberia, como dice eí cartel que hay en el Retiro. En Siberia es donde se venden y se compran los j- aks; mas para verlos en rebaños grandes ó bien sirviendo como cabalgaduras y como- bestias de carga, es necesario arriesgarse hasta el Tíbet, país dificilísimo de visitar, y en el cual están penetrando ahora los ingleses á fuerza de trabajos y de atrocidades. Es el yak un excelente sujeto, trabajador, manso, bondadoso, como su fisonomía revela; pero, como sucede con todas las reses dé este carácter, no hay que buscarle el genio, porque también se enfurruña, lanza un gruñido semejante al de los verracos, y pega un testarazo formidable á quien le moleste. Respecto de si es comestible ó no, están divididas las opiniones. Eos tibetanos no lo comen; prefieren la carne de cabra; en Siberia, donde no abundan las viandas delicadas, hay quien se atreve con un solomillo de yak; pero ese va en gustos y en apetitos. En cambio, con sus lanas y sus pelos se hacen tejidos preciosos, alfombras, mantas, etc. Eo preferido del yak por los comerciantes es la cola. Hay algunas que alcanzan precios considerables. El comercio de colas de yak es muy activo entre el Tíbet y China, por el Oriente, y entre el Tíbet y Persia ó Turquía, por el Occidente. ¿Queréis saber para qué sirve la cola del yak? Pues ¡ahí es nada! Tanto entre los chinos c mo cutre los turcos y persas, es un signo de autoridad. ¿Ko habéis oído hablar de los bajas de tres colas? Pues esas tres colas son de yak. Eos mandarines chinos, por su parte, no dejan de aprovechar la cola del yak para adornar sus autoritarios gorros en invierno. Y dicen que hay sitios donde esa cola sirve de bandera ó enseña de la patria. Habrá, pues, casos en qus por la cola de un yak se dejen matar centenares de hombres, lo cual siempre es hermoso y consolador. DIBUJO DE UEr. inOR