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ESPAÑA VIEJA EL MUSEO DE VALLADOLID D A R Á conocer la historia de la pintura española, es insuficiente el Museo del Prado; mas para saber algo respecto á la. historia de nuestra escultura, es absolutainente inútil. La raejor colección dé obras escultóricas de maestros castellanos es la custodiada en el magnífico Museo de Valladolid. En él se encuentran obras excelentísimas Miguel Ángel español D. Alonso Eerruguete y González, castellano viejo, nacido en Paredes de Nava, muerto á los ochenta y un años en Toledo, cuando labraba el estupendo sepulcro de D. Juan Tavcra, cuya estatua yacente significa, á nuestro entender, en la escultura española tanto como el Moisés de Buonarotti en la italiana. Pero aunque otras muchas obras de Berruguete pueden verse en Toledo, en templos de Valladolid, de Burgos y de Medina del Cam. po, etc. sólo en este Museo de que hablamos se nota la influencia de Berruguete en otros maestros inmortales como Juan de Juni y Gregorio Plernández, cuj- as obras llenan el Museo. Ta historia del arte e- panol recuerda pocos esfuerzos más hondos, má. -i honrados y fecundos que el realizado por Berruguete desde que regresó M en 1520 de Italia, adonde había ido muy mozo para estudiar bajo la dirección de Miguel Ángel, üasta 1561 en que murió. F u e r o n cuarenta y un años de trabajo incesante, de activa lucha, primero contra el gusto y la práctica de los antiguos imagineros alemanes, de aquellos que realizaron las maravillas de Burgos, de Sevilla y de Toledo. Berruguete solo en Castilla, y en Sevilla Torrigiano, fueron los adalides del Renacimiento en la L- N. -V VIRíJEN escultura; pero TorrigiaBIZANTINA D E no no pasó de ser un itaM. MIFRA, DEL SIGLO XII AL XIII lianizante, mientras que el Maestro de Valladolid dio á la Estatuaria y á la Arquitectura escultórica carácter propio y estilo nacional. Vencidas quedaron las aprovechadas familias de escultores extranjeros, que eran dueños de nuestros retablos y señores de nuestros claustros y portadas: los Copines, ios E, gas, los Siloés; sometido á regañadientes el prestigioso m- estro borgoñón Felipe Vigarny, que hubo de compartir con Berruguete la obra magna del coro toledano. La minuciosa é impertinente factura de los artistas que seguían la tradición gótica, peaió el paso á la noble, liberal y grandiosa interpretación de la naturaleza, tal como la entendía Berruguete. Fué aquélla una de las más interesantes etapas d l viejo pleito entre el escultor que se acerba al tallista ó al orfebre y el escultor que se aproxima al pintor mural y al arquitecto, hoy vemos reproducida la pelea entre los prolijos KALÓK- BTBLIOTKCA FT. TiTUSRO escultores franceses de la escuela antigua (Barrías, Frémiet, etc. y el I Iiguel Ángel ó el Berruguete moderno Augusto Rodin, á quien, sin poseer su genio, sigue Constantino Mennier, y ante quien se doblega un artista de tanto mérito como Falguiére.