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A ejemplo y detrás de las naves españolas, las de Portugal, Inglaterra y Holanda se lanzaron aliñar y anclaron en playas desconocidas. Y allí, de costa á costa, en toda la tierra conquistada se asentaron, y permanecen en quieta y pacífica posesión. ¿Qué llevaban las naves y qué desembarcaban? I levaban unas veces liombi es doctos, gentes iniciadas en los secretos de la Naturaleza, que iban á estudiar el clima, la composición y las propiedades de las tierras vírgenes, para ensayar su cultivo apropiado; á minar el subsuelo, para conocer los metales que contenía en sus entrañas. Otras veces industriales prácticos, para poner en explotación los productos estudiados por los sabios. Otras veces fabricantes, para aprovechar las materias producidas por las industrias rústicas y convertirlas en géneros elaborados. Otras veces comerciantes, para dar movimiento á aquella producción y transportarla á los mercados europeos, cargando de retorno productos de Europa para los mercados indígenas. Y siempre hombres útiles, legiones del trabajo, familias que marchaban para no volver con la ganancia, sino para fundar allí nueva patria y mezclar y confundir en ella la civilización que llevaban con la sangre y los intereses que allí vivían. ¿Qué desembarcaban? Instrumentos de ciencia, aparatos de ingeniería, maquinarias para la fabricación, herramientas para las edificaciones, aperos de labranza para el cult; vo de la tierra. ¿Qué construían antes que todo? Un muelle y una factoría. ¿Cómo conquistaban y catequizaban? Con la vara de medir por espada y la balanza de pesar por cruz. Interesando á las colonias en los negocios: atrayéndolas con el hiero; respetando su conciencia religiosa, sus costumbres y tradiciones, su libertad. v. ¿Qué importaba á los colonizadores que los colonos rezasen al sol, á Brahma ó á Alah cuando acababan sti trabajo del día? ¿Qué les importaba que vistieran ropas anchas ó estrechas, cortas ó largas, si les pagaban bien las telas? ¿Qué les importaba que se casasen con una ó con muchas mujeres, si de igual modo habían de engendrar pobladores y consumidores? ¿Qué les importaba que se gobernasen por sus leyes y por sus autoridades, mientras pagaran puntualmente los tributos y las cuentas del comercio de la metrópoli? ¿Para qué la soberanía religiosa ni la política, poseyendo la producción y el tráfico, que es lo útil y positivo? ¿Para qué captar las almas ni los cuerpos, captando el oro y secuestrando el comercio? ¿Para qué el vasallaje, ni la sujeción, cuando avasalla y sujeta el interés común? Y como el interés es la cadena más fuerte en los egoísmos humanos, y la libertad la condición que más tranquiliza á los pueblos, colonizadores y colonizados viven en paz y seguridad, como consocios de una empresa mercantil. Así, Holanda y Portugal conservan todavía sus posesiones, insostenibles de otro modo para Estados tan insignificantes como ellos; así conserva las suj as Inglaterra, más poderosa y grande por lo que tiene afuera, por sus territorios lejanos, que por sus tres islas europeas. Mucho pueden sus formidables escuadras de guerra, señoras de los mares; pero sus flotas de barcos mercantes son el verdadero poder que guarda sus colonias. Conténtase con. la soberanía honoraria y el comercio efectivo. Y por eso trueca la cruz y la espada por la balanza de pesar y la vara de medir. Para expresar gráficamente el espíritu y fin de las diversas colonizaciones, habría de pintarse un cuadro donde apareciera un inglés, gordo y coloradote, comiendo opíparamente en la mesa, y junto á él estuvieran dos españoles flacuchos y atareados, el uno con el fusil al hombro haciéndole guardia, y el otro con el rosario entre los dedos rezando por la buena digestión. Y al pie del cuadro la inscripción siguiente: Lospuehlos no se engrandecen j or saber matar, sino por saber vivir. D I B U J O S D E MEN DEZ HRIXGA EUGENIO S E L I E S