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V 1 ARCADAS todas las velas y henchidas por el viento duro, flameando en el tope la bandera de Castilla, rechinando los palos y crujiendo la quilla, cabeceando hasta beber el agua salobre, unas veces hundiéndose en el surco cóncavo, y otras saltando por la cresta T. espumante de las olas, iban las naves Atlántico adelante, con el recuerdo fijo del día 4 que dejaron el puerto español 3 quizá sin la esperanza cier 1, H r ta de anclar en la costa ultrah ¡marina. ¡Qué importaba! Allí no temblaba más que el insensible maderamen del b a r c o Lo que era carne llevaba dentro de ella un corazón también insensible á la incertidunibre del destino y á los riesgos de 4 í la suerte. ¿Eran navegantes d u c h o s Í en las faenas del mar, y seguros de dominarlo con el arte v... y la experiencia? No. Los más de ellos eran soldados buenos en tierra firme, extremeños del campo que no conocían más aguas que las del Tajo y el Guadiana, gente del hampa de las ciudades, vagabundos de las playas andaluzas, hidalgüelos pobres, tropa de aventureros que navegaban largos meses, vencido el miedo por ia codicia, en busca de tesoros defendidos por la fiereza de anchísimos mares. Allá fué Cortés, quemando sus navios, resuelto á morir sin retorno. Allá fueron los Pinzones, Pizarro, Almagro, Balboa, descubriendo y conquistando tierras que completaban el hallazgo feliz de Colón. Allá se asentó España desde el golfo mexicano hasta el estrecho temible que pasó Magallanes, estableciéndose sobre las aguas una doble vía de ida y vuelta, por la cual se iba la población de España y venía el oro de las Indias. Allá fueron entonces y después, durante cuatro siglos, muchas naves, muchas galeras, muchas escuadras, muchos ejércitos, muchos aventureros y muchos frailes. ¿Cómo conquistaban? Con traiciones y engaños, ó con castigos, atropellos y crueldades. Captando los cuerpos sin captar las almas; tomando la tierra sin tomar su ambiente; robando los tesoros sin robar el cariño de los indígenas. ¿Qué llevaban las naves y qué desembarcaban? Elevaban frailes y soldados, aventureros ó fanáticos, codiciosos ú holgazanes, gente maleante y revoltosa, echada de aquí por el vicio, la necesidad ó la inquietud indómita del espíritu. ¿Qué desembarcaban? Antes que todo, una cruz y una espada. ¿Qué construían? Antes que todo, una iglesia y un castillo. ¿Qué constituían? Antes que todo, un obispado y una Capitanía general. Antes que todo, sometían las conciencias y la libertad personal. Antes que colonos, hacían fieles y vasallos imponiendo el despotismo religioso y militar. y así los colonizadores eran temidos como una plaga caída sobre el país, pero nunca amados como nuevos compatriotas que venían á mezclar su sangre, sus intereses y sus afectos con el pueblo antiguo. Y como la ignorancia 3 el terror eran instrumentos xinicos de colonización, el dominio era más azaroso y reñido que sosegado y duradero; porque tarde ó temprano la luz llega á todos los rincones, y la fuerza se gasta, y se gasta más cuanto más se usa. El progreso es como la evolución de nuestro planeta, se mueve todo á la par, y no hay pedazo ni habitante de él que, aunque se juzguen quietos y firmes, no anden sin querer y sin sentirlo al compás del movimiento terrestre. Y cuando el progreso social acabó con las supersticiones, hijas bastardas de la fe, y cuando el prestigio nilitar pereció en los campos de batalla, las colonias de España fueron desatándose fácilmente de aquella coyunda que las oprimía, no que las casaba con la metrópoli. Y hundidas sin defenderse las escuadras, desarmados sin pelea los ejércitos, arriada la bandera española en los fuertes, las colonias devolvían a l a madre patria millares de soldados consumidos, en vez de devolverle aquellos alegres indianos henchidos de carnes y de oro. ¡Qué contraste el de aquellas navecillas frágiles que fueron á la conquista cargadas de aventureros temerarios y de esperanzas dichosas, y el de estos grandes vapores que tornaban de la derrota cargadas de espectros y de tristezas! COLONIZxlDORES MODERNOS La historia ha solido adjudicar á España el oficio de ojeador, que levántala caza para otros. Hemos pu sto el pecho y llevado las fatigas para que los demás pongan la mano y se lleven el provecho. Contuvimos con los cuerpos la invasión de los moros africanos, los expulsamos de Europa, nos metimos en buena parte de África, y hoy nos quedan allí cuatro presidios costosos y unos inútiles pedazos del desierto, mientras los franceses son dueños del Norte y los ingleses amos del centro y Sur de aquel continente. Señalamos con riesgo de la vida la ruta de América; enseñamos á encontrar islas y territorios, y los descubrimos y criamos para otras razas. 1? i J Í r;