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f í I r L) a historia de Berta la del gran pie os trovadores, los poetas, los cronistas, hombres sabios y respetables conocen y han contado de mil maneras la historia de la reina Berta, que está enterrada en San Dionisio al par que sn marido el gran rey de Francia Pepino el Breve, que Dios haya. En la tumba de la reina Berta no hay otra inscripción que estas palabras: Bertha, mater KaroU Magni. La historia no había de ser contada en la lápida: la historia anda en romances y novelas de aventuras, en pos de la famosa historia de Flores y Blancaflor, reyes de Hungría. Y dice que Berta era una doncella de sin igual hermosura y gallardía, hija de aquellos dos monarcas, y que se crió en la corte de Hungría con todo regalo, no obstante lo cual dio ejemplo de virtudes y comedimiento á todas las doncellas de su tiempo. Tanto, que la fama de su honestidad y recato corrió parejas con la de su belleza y llegó á oídos del rej- de Francia, quien envió sus embajadores á la corte de Hungría para pedir á Berta por esposa. Es de saber que entre todas las bellas cualidades que adornaban el cuerpo de la princesa Berta, el cual era espejo de su alma, sólo tenía un defecto. La princesa Berta tenía dos piececitos menudos que se hubieran podido calzar con chinelas hechas de dos orejas de gato: pero uno de If -pies era un poco mayor que el otro, sin que esto quiera decir que fuese un pie grande y basto. T do lo contrario, era lindísimo; pero cuando Berta estaba sentada y con los pies juntos, dicen se notaba la diferencia, y cuando andaba, también. Flores y Blancaflor pensaron mucuo tiempo si otorgarían ó no ia mano de su hija, pero considerando que el rej- Pepino el Breve era uno de los soberanos más poderosos de la cristiandad, pusieron fin á sus vacilaciones y entregaron su hija, confiándola al cuiaado y salvaguardia de su primo Tiberto y haciendo que la acompañara la primera camarera de palacio llamada Margista y su hija Alista, que tenía con Berta gran parecido, salva la diferencia que va siempre de una gran señora de sangre real á una sirviente de escalera abajo. Todos sabéis cómo la astuta y malvada Margista aprovechó el parecido para engañar á Berta y al rey Pepino, con ayuda del malvado Tiberto, y hacer que la princesa fuese reemplazada por su doncella, con la cual se casó de buena fe el rey Pepino el Breve. Tampoco ignoráis que Tiberto encargó á unos malsines que matasen á Berta en la selva del Mans, y que aquellos hombres, menos traidores que Tiberto, se compadecieron de la hermosura y debilidad de la princesa, que era muy blanca y muy rubia y sólo contaba dieciséis años, y se contentaron con dejarla abandonada en el bosque, á la merced de los lobos y de las bestias fieras y de las aves carniceras. Las angustias que Berta pasó en el bosque, cien veces las han cantado, y las han contado, como ya dije, trovadores y poetas, cronistas y hombres sabios 3 entendidos. Y á quien no haya oído contar ni cantar la historia, yo no tengo tiempo de repetírsela, por lo cual, si el tal es discreto, puede echarse á hacer figuraciones é imágenes de lo que sería para una jovencita tan niña y tan inocente hallarse abandonada y sin amparo de Dios ni de los hombres en medio de una tan espesa y emboscada selva como la del Mans, donde es fama que se pierden los jabalíes mismos. Pero he dicho que sin amparo de Dios, y he mentido (Dios me perdone) porque, á la verdad, Dios protegió á la princesa abandonada y la condujo a l a choza del buen hombre Simón el guardabosque, y en casa del buen hombre Simón el guardabosque pasó la princesa Berta ocho años de su vida, ocupada en hilar con su rueca de álamo negro, Y aún haj muchos niños en Francia que cuando pasan por un bosque están seguros de que verán ó de que han visto á la reina Berta, la del gran pie, hilando siempre en su rueca, pero no ya como una joven hermosa, sino como una viejecita arrugada y consumida. Entretanto, la falsa y embustera Alista, casada con el rey Pepino el Breve, se daba vida de reina, y su madre, la perversa Margista, gozaba de gran predicamento en la corte. I