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-No es mal asesinato el que yo voy á cometer contigo; ya verás tú cómo yo mato á las gentes que más quiero; con que vamos á ver si me contestas con el corazón en la palma de la mano á lo que yo te pregunte. -Pos á preguntar lo que usté quiera. -Pos vamos allá, que la cosa es más seria que un responso; tú comprenderás que yo á fuerza de años he afinao la puntería, y que no soy ciego der tó, y que pa ver lo que salta á la vista no sa menester un foco eléxtrico, y que, por lo tanto, yo he visto lo que he visto; y como quiera que tú eres mi ojito derecho, porque eres honrao y eres bueno y eres trabajaor, pos vélay tú, si tú me pidieras argo que yo tuviera en mucha, pero que en muchísima estima, argo asín como las alas de mi corazón, me da á mí el cuerpo que tendría yo un arranque garboso 5- cámara, ¿tú te has fijao en el calor quejace? A Pepe habíasele puesto cara de muerto; ya tenía delante, al alcance de su voluntad, lo que n ás que el vivir apetecía; ya no tenía más que meter un poco el cuerpo para tremolar á los cuatro puntos cardinales la bandera de su felicidad; pero acordándose de la palabra empeñada á Trini y viendo el rostro bellísimo de ésta asomando furtivamente por la entornada puerta, cerró los ojos al riente porvenir, y haciendo un esfuerzo titánico y amordazando á la verdad con voluntad de acero, sonrió amargamente y repúsole al viejo con acento al parecer tranquilo. -Vamos, hoy está usté de buen humor y quiere usté darme una corriíta en pelo; ya sé yo lo mucho que usté me quiere, y en eso no hace usté más que pagar con una gota un aguacero, y también sé que me daría usté lo que le pidiera, pero entoavía no tengo que peirle á usted na más sino que me siga usted queriendo y... vaj a, q u e m e voy, que me está esperando Pepe Cárdenas en casa del Crmaricro; con que hasta mañana, señor Francisco, hasta mañana. Y diciendo esto, dio media vuelta -salió del patio de estampía, mientras el señor Frasquito veíalo alejarse con cara de asombro y sin acertar á decir una palabra. -Qué! ¿Se va Pepe sm despedirse? -preguntóle Trini á su padre saliendo de la habitación desde cuj- a puerta había estado oyendo el diálogo ñe aquéllos. -Sí, mujer, anda v alcánzalo dile que ésta no es manera de dirse de mi casa, -repúsole su padre, que aún no había salido de. su asombro. Y dirigióse Trini en busca de Pepe, el cual, no pudiendo resistir la terrible avalancha de su pena v de sus lágrimas, habíase tirado contra la pared, y allí luchaba rabioso, impotente y desesperado por aJiogar el sollozo y refrenar el llanto, antes de salir de aquella casa donde acababa de enterrar sus últimas alegTÍas. Y llegó Trini junto á él, y al ver llorar á aquel hombre que jamás había traspasado los dinteles de su corazón, al ver sus lágrimas 3 su actitud, al pensar en el tremendo esfuerzo que acababa de hacer á su c a p r i c h o s o mandato, sintió cómo al fin traspasaba los dinteles de su corazón, virgen de amores hasta aquel i n s t a n t e y dirigiéndose á su enamorado pregaintóle con acento conmovido: -Pero qué es eso, Pepe... ¿lloras? Y levantó Pepe la cabeza como avergonzado al verse s o r p r e n d í- d o y repúsole sonriendo y con voz trémula, procurando ocultar sus lágrimas: -Cá, ¿llorar yo? ¡qué cosas dices... Vaya... adiós Trini... hasta mañana. Y diciendo esto dirigióse á la puerta, antes de llegar á la cual sintióse detenido dulcemente por la mano de la mujer amada, la cual, con los ojos bajos y la tez encendida, decíale con acento apenas perceptible: -No, no te vayas, anda aentro; anda y píele á mi padre lo que quieras peirle, que yo te prometo que si él te lo da, yo haré lo que él disponga. Y cuando dos horas después salía á la calle Pepe Vitola, veíase desbordar en su rostro moreno, juvenil y simpático, la felicidad qu? le Uanaba de alagríis el corazón y de resplandores el pensamiento. ARTURO REYES DIBUJOS DE HUERTAS