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U N A SEÑOET i A A- LPINISTA -i. EL VERANEO EN LOS ALPES Cornos muchos, muchísimos los españoles que, en materia de excursiones por los Alpes, liemos de resignarnos á la platónica triste conteiáplación de unas cuantas fotografías. H a y muchos espíritus optimistas que, apenas suben dos veces á Navalperal ó á San Rafael, ó no bien llegan hasta Puente los Fierros y Busdongo, exclaman llenos de satisfacción: -Ríase usted de Suiza donde están estos paisajes. Pero usted, que ha leído su Malte- Brun ó su Elíseo Reclus, no se ríe de Suiza ui tiene tan buen conformar como el burgués precitado. No, no, es indudable ciite no hay más que unos Alpes, y sería injustísimo restarles al Mont Blanc y a l a Jungfrau su bien ganada y merecida reputación. Los americanos pueden, razonablemente, darse pisto con su Nevado de Sorata, á cuya cumbre, según las riltimas noticias, no lia sabido nadie; los tx ÍÍ EL ABISIIO D E M E I E GLACIAR PERPETUO EN I.O ALPES D E L I INESES