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En opinión de muclios naturalistas y de muchas personas mayores en edad, saber y gobierno, á quienes vosotros respetáis, la hiena es el animal más re 2 pug nante, pérfido y odioso de todos cuantos pueblan la superficie terrestre. Los que hayáis visto hienas, habréis notado, desde luego, que la hiena huele mal, lo mismoque el oso, el lobo y casi todas las fieras enjauladas; por consiguiente, su olor no debe hacernos más antipática la hiena que cualquiera otro cuadrúpedo. Otra razón que se da con el noble propósito de que chicos y grandes tomen horror á la hiena, consiste en aseverar que este animalito se alimenta exclusivamente de carne muerta. A esto se debe contestar que de carne muerta se alimentan los rrás délos hombres, los que no son vegetarianos ó vegetalistas. Todos vosotros conocéis la frase del célebre domador que, enseñan, do una hiena y ponderando su ferocidad, decía: Este animal va al cementerio, desentierra los cadáveres de los muertos y se los come vivos. Esta frase les ha hecho mucho daño á las hienas; pero como vosotros no os pagáis de frases, sino que discurrís muy bien por vuestra cuenta, pensaréis, naturalmente, que la hiena come carne podrida Rorque no se la dan fresca. En el Retiro, á la hiena le echan la misma carne que al noble león y al valiente tigre, y ya habréis visto que se la zampa con el mismo gusto que ellos. L, a explicación de que no coma siempre carne fresca la hiena, casi no hace falta dárosla. Habréis visto que es un animal desproporcionado. Tiene la cabeza muy grande, las mandíbulas muy recias, los dientes muy fuertes, el estómago insaciable, pero el cuerpo es pequeño con relación á la cabeza; el cuarto trasero es muy endeble, hasta el punto de que parece un animal derrengado ó mal herido de un estacazo en los ríñones. Por estas circunstancias, la hiena no puede acometer á los animales grandes ni á los de su tamaño, sino á los más pequeñitos; por eso parece cobarde, pues solamente se ceba en corderitos y cabritillos indefensos, y huye ante cualquier ruido. En resumen: come carne muerta, porque no puede comerla viva; y no va á dejarse morir de hambre para dar gusto á los naturalistas sentimentales; y es cobarde, porque no tiene condiciones físicas para ser valiente. Por lo demás, la mayoría de las llamadas fieras es cobarde, y no hay ninguna que no huya del hombre, si puede, incluso los leones y los tigres. Pero, en cambio, tiene la hiena condiciones de carácter excelentes. Es una buena madre que no abandona á sus hijuelos, como hacen otros animales y algunos hombres. Se domestica muy fácilmente, y una vez domesticada, es tan fiel como un perro. En Egipto y en Siria hay pa. stores que prefieren las hienas á los perros para la guarda de sus rebaños. Si es fea y desproporcionada y tiene una expresión de sarcasmo cruel, no es suya la culpa. Deshao- amos la leyenda que contra las hienas se ha formado; reconozcamos que de alguna manera ha de luchar por la vida ese animal, como luchamos todos; y ¡ojalá no tropecemos en nuestra existencia con otros animales de dos pies mucho peores que la hiena en cuanto á sus cualidades morales! ISTORIETAS N A T U RALES. LA HIENA DIRIIJO DE REGIDOR N,