Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
vallas verduscas y descolor i d a s que defienden el paso, estaban asomadas mujerucas que venían d e l mercado con sus dengiies y SU pañuelo atado atrás, ó algún mozo que llevaba amarrada una vaca de una maroma de cáñamo. Y todas estas cosas- l a diligencia que marchaba con rumbo á las alegres villas, el cura pachorrudo y melancólico q u e iba fumando su pitillo, y hasta el mozo que tiraba de la ternera- -henchíanme de una emoción que yo nunca más s e n t i r é ni nunca después he podido definir. Aquellas tardes de Marzo, mi tío José Ramón, que padecía de asma, y á quien D. Félix el médico sempiternamente r e c o mendaba aire puro, solía pasearse conmigo por la carretera de Ciaño, bordeada de acacias, orillas del Nalón. -Esto se va- -decíame conpungido, posando sus o j o s d e m i o p e en las a g u a s enturbiadas del claro río. -Esto se va, sobrino. Ya ves este río, que en otro tiempo era cristalino, una verdadera bendición de Dios... Esos hombres nos lo han emp o r c a d o Yo comprendo lo que han hecho esos hombres, la riqueza que han traído á nuestra tie- COVADONGA ií. m Tu r i T K JfJ j SALAS; VISTA G E N E R A L EL VISO rra esos hombres, l a animación que dieron á la aldea. Sí; ya sé que sin ellos no existirían las casas que D. Antonio tiene en la calle Nueva, ni el palacio de Duro, ni el café del Comercio, ni el bello paseo de la Fábrica, ni el hospital, ni siquiera esta linda iglesia de Luna. Bien lo sé; pero tampoco tendríamos ese humo que nos ahoga- -y al decir esto mi venerable tío carraspeaba como si efectivamente el humo s i n i e s t r o l e estuviese ahogando... -ni esa escoria que ensucia nuestras calles... ¡Ah! Yo me acuerdo... ¡C u a n d o por este paseo tan elegantepacían las vacas el río, mi río Nalón, e, staba tan limpio... Y no había humo en el cielo ni escoria en la carretera; ten por seguro que n o s lo han traído esos hombres... Y la insípida frase t- sos ho 7 nhres tomaba en boca de mi tío una entonación épica, como la que debió poner el noble hidalgo D. César de las Mata de Arbín en aquellas memorables palabras: Decís que ahora comienza la civilización... ¡Yo os digo q u e ahora comienza la barbarie... Yo quisiera ser ahora tan galante como un príncipe asirlo ó un antiguo caballero francés, p a r a cantar los loores de las amables avilesinas. Quisiera componer frivolos m a d r i g a l e s petrarquescos ó que recordasen las