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Hace poco tiempo, las seiloras del Automolñle Club oi ganizáron un magnífico raid ó carrera que partió de la plaza de Waterloo, en Londres, bajo la dirección de la duquesa de Sutherland. La carrera constituyó un espectáculo hermosísimo, pues las bellas automovilistas no sólo rivalizaron en destreza para dirigir sus máquinas, sino que resolvieron é intentaron resolver con gran arte y habilidad el dificilísimo problema de la toilette de automóvil, que era uno de los asuntos más trascendentales de la Estética contemporánea. Al mismo tiempo que el Automobile Club daba tan brillante prueba de vitalidad, otro circulo elegantísimo y archiaristocrático de Londres, el -wr e üP fc í: Ir- Ranekigh Club, celebraba u n a reunión hípica, en la que varias señoras y señoritas, admirables jinetes, corrieron la sortija ó, como h a n dicho los periódicos i n g l e s e s el juego español de la sor- liga, saliendo vencedora, entre otras muchas concurrentes, niistress Henr 3- Wibley, que recogió gran número de sortígas con extraordinaria habilidad. En España hay ya bastantes señoras automovilistas y no pocas señoritas que hacen prodigios en el noble arte de la jineta; pero aún no se han fundado sociedades como el Ladies AuloÍ; Í ¿S Cluib n i Cíiíh. COmo el Ranelagh Debemos desear que se funden? Eso u. stedes lo decidirán, señoras y señoritas, cuj- os pies beso. W. B. FOTOOÍIAFÍ- A. S CHUSSEAU- rLAVIENS KISTRU! RFXRV WIELKY, VE CI nOR- KK L. l Sí