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íSíC TRANSIT... Í Historia de un ceri T ací en Espaf. de hallar en esta Fué mi madre Ja de iodos los corra dándome seis herí y otros tantos hei que sumados conn salvo error ú omis En casa decidien fuese á la villa m Entre los de mi raza, sin duda por ser yo de mejor traza, resulté el elegido, y en cuanto se hubo el viaje decidido, di un abrazo á mi padre y hese á mis hermanos y á mi madre... ¡Qué triste despedida! Wo los he vuelto áver... ¡tal es la vida! Ya en la villa, llegamos al mercado, que estaba concurrido y animado. Vi alli cerdas de rostros infantiles, alegría y ornato de cubiles. Confieso sin rodeos que al ver tanta belleza sin medida, sentí la vez primera de mi vida el agudo aguijón de los deseos. De todos los feriantes, sólo uno de mi mérito hablaba con desprecio. Supe más tarde que era el tal un tuno que quería comprarme á bajo precio. Examinó mis curvas, mis perfiles; me locó las orejas, los pemiles, y concluyó diciendo: trato hecho. Mi amo, satisfecho, me dio, cruel, por un montón de plata. Desoués de realizada tal idea, qttcyo juzgué egoísta é insensata. la entrada de la augusta primavera, y el Señor me hizo dueño venturoso de una gorda y lucida compañera. ¡Con qué fe nos amamos... Y cumplimos tan bien los altos fines de nuestra unión, que dimos á nuestro amo común ¡diez chiquitines! Y aquí comienzan mis terribles males, mis penas y disgustos... Mis puros sentimientos paternales fueron sacrificados á los gustos del hombre, el más voraz de los mortales. El recordarlo lágrimas me cuesta... Tres de iMs p equeñuelos, ¡pobrecillos! murieron, y una noche, en una fiesta, la gula humana, para mí funesta, devoró á aquellos tiernos tostoncillos. Tal dolor me produjo esta desgracia, y enfermé en pocos días de tal suerte, que en mi cara fiacucha, triste y lacia se adivinaba próxima la muerte. Llamaron á un doctor muy afanado en cerdil medicina, que me halló en grave estado, con un ataque agudo de trichina. (I) El alboroque. Dándosela de sabio y de sincero, aconsejó mi muerte violenta, pues tenia sin duda esto más cuenta que enviarme en seguida al quemadero. Mi amo pasó un mal rato; mas se repuso pronto, y sin tristeza montó el siniestro y fúnebre aparato, ¡en el que va á morir tanta grandeza! Voy tranquilo al suplicio, al cruel y ominoso sacrificio, pues en él perecieron mis abuelos y han de morir en él mis pequeñuelos. Ya vi el siniestro brillo del criminal, mortífero cuchillo. Se estremecen mis lomos y mi panza... La hora de mi muerte se avecina; pero muero pensando en mi venganza, porque late en mis carnes la trichina. JVo piensen mis infames asesinos que mueren resignados los cochinos! Por la traducción, W. liODJiJGUEZ DIDUJO DE SEGIDOP DE CEL 7 S