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EL TITIRITERO AMBULANTE es q u e este Q VI extraño los dinses! tipo se n o s v a y a ic entre líts m a n o s ilcsaparci ci se fnerüti para no v n h o r niíií: s; La expuKsu iu tie los iiioriscos y In d e estos modestos acrúbatas intcnírbn nioSH de l; is plax s y calles de MLiilrid, son dthí; hechos memorables í iic Tcí istr. i la Historia. Al titiritero anihulnrilo aún e le suele ver en ramerías como la d e SaTi Isidro, asombrando a los forasteros eoii su repcrloTÍo de salios mortales y Ví? niak- s y domJniíciones eti las anillas, las niiicas dominaciones que nos fjnedan, una vea perdidas las colonias. V e l l i d o con unns mallas iimarillentas por el uso, rirmpndadas á troníos por la aíjujív cariñosa d t Li c ¿ayii c li ír ntíí ir, que no lodo viene p u r l a lí lcsia, lont- letc d e paño verdoso, unas botas dt- elástico y el redoblante A cuestas, q u e á la v e le sirve de acompafiamienio, presión y reclamo, tres juiportanles ociípacioTies en un solo parcbr, va el d e s m e d r a d o llércules por ferias y romerías ¡citdo todú lú que Dws f liiti, como cantan en una opnlar ¿ar uelilla. n e n e r a l m e n t e el t i t i n l e i o forma compañía modesta, d a m es, pero compañía al fin: un nino, bien procedente del solnr atemo, bien alqnilado. y un perrito habilidoso p a r a ameui ar los ÍTitennedi is. cuando no un uumo calloso y rcpuE Tiantí: vestido de bailarina haciendo de r ¿nyrr, c a r i c a t u r i a n d o sus pinietas, sobre el p e r r o Ton origiliíd tr. mpr recorre á pie y sin dinero, como los modernistas and a n u c i que d a n la vuelta al nuindo carretera adelante toda Hspaña; familiares le son al titiritero las más concurridas ferias, y en las clásicas plazas d e los pufblos ap- ireee. y al redobljir furioso de los palillos sobre el p a r c b e acuden todos á ver los títeres. CoUira mi hombre u n a barra fija, extiende en el suelo un veterano alfombrín todo deshilacliado, frota la b a r r a con resina, y allá va el alUUí g i r a n d o como aspa d e molino, i m p u l s a n d o su cuerpo, con pran asombro del auditorio, que no se explica satisíactoriameTite cómo se p u e d e n hacer esas cosas. Los más ilustrados lo atribuyen al progreso, en lo q u t ya se sabe que entra todo. Kl niño se entreira después i v ertij noscs saltos sobre el tapia; d e s e o j u n t a d o en sus articulaciones. se mete la cabera en un bolsillo y ern? a u n a pierna alrededor dt la ííaríjanta, como si fucnt un boa. güsa v i d a de rodar constante, m e n d i g a n d o un fruí al sustento y un modesto aplauso! Pero no divaguemos ní tratemos d e i n t e r n a m o s en la inlrineadHi heh a ÍJlosLific a. uilud d e sus Junciones, v le prenjnntó: -Diga usted, bucu hombre, ¿voy bien p a r a ir á hi barraca d e la Alfsriaf El meritorio d e Kepluno, con cierta c h u n g a 5 después d e mir irle d e alto á bajo, respondió: Homhre, coino ir muy hien no va usted, que díi amos: pero teniendo cu cuenta AÍ ¿nhr qnc hace, pa usted como u n a rusa! LUIS OABALDOK