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P KJÍ 4 l A. CAT 5 A. COI i humean nieblas azules, y parece extasiarse complacida. Cacarean los gallos tempraneros; el sol, amarillo como un punto de oro, envuelto en cristales, despierta a l a sierra con sus luces tibias y cariñosas; un airecillo juguetón fíltrase en los pinos las encinas, 5 su confuso susurrar es el eco dormido de lejanas playas; legiones de pajarillos alegres ríen retozones; por detrás de una loma llega el ganado al son de las esquilas, y precediéndole, los gritos de los pastores y sus cantares: Que me penetras en l alma; voy besando tus pisadas, eres laflordel romero voy besando tus pisadas; que me penetras en Taima... eres laflordel romero... y yo, como bien te quiero, ¡Ijujuju... jujuuu... ¡Sioo, cabrra! ¡Pablo, al garrobal! Aerrí, aerrí! ¡Ea Pinta! ¡Sidro! 1 A casa está puesta, monte arriba, á la sombra de tin algarrobo, y entre pitas y chumberas y jarales enmarañados. Es una casa reducida, que jalbégala cal dos veces al año; una por Pascuas, y para las romerías la otra. F, n su mismo portón nace la fuente, conocida más abajo, en el lugar, con el poético nombre de las palomas. Cerca de la techumbre se abre un ventanillo; en su alféizar florecen improvisados tiestos de clavellinas y rosas de la sierra. Tiene á las espaldas un jardincillo con flores y hortalizas, y en un ángulo una jaula grande donde se refugian la clueca y sus polluelos al anochecer. II lista casa, sola en el monte, como la ermita, es Bien lo maduró tía Meca en los desvanes del de la Meca; vieja mujer, horrible, que se embriaga meollo; y cuando le pareció en su punto, una nocon aguardiente y se mofa de la religión y de los che, se lo espetó á su sobrina, vamos al decir, en curas, cantando alborozada al beber mucho. Con ella vive Isabel, la Caracola por mal llamar, un invisible. Comía ésta bellotas y se le atragantaron al adihuérfana de madre; y el padre anda ala otra banvinar, mejor que coiuprender, las palabras marruda de los Pirineos fugitivo de la justicia. Es la Caracola una muchacha menuda, pero fresca y de lleras de su tía. Un sordo rumor le cegó el oído como si le aplicaran el caracol de mar á las orearrogante lozanía; abundosos y suaves los cabellos; moreno el rostro, con lluvia de pecas y una jas; el temblor de las estrellas prendió en sus ojos, y todo danzaba ásu alrededor. Hablaba así la Meca: dedada de bozo finísimo; en la flor de la juventud- -Negocio es éste, Sabel, que no ha de criar lay de muy buena gracia A más de la Meca y la Caracola, anidan- -en el ra- gaña para florecer; que en dejándole se duerme, y en durmiéndose aína se está diquiá la fin del quítico alero descolorido- -gorriones y nevatillas, mundo, amén y golondrinas á la primavera. Enroscado en el- -Estas buenas personas del Señor se han apiahogar, un g ato mustio de piel atigrada; durmiendado de nosotras, ¡de gloria lo cobren! y fuerza do al sol, e! perro vigilante; -en la engañifa de es corresponder contentando... Pa rematar, que j a establo, que también es cocina y cuarto de dorpasa la media noche, que miá las cabrillas qué almir, un borriquillo tuerto y cojo, peludo, con patas tas van... Al domingo aparejas el Moro y, paso tras de sátiro y el lomo acribillado de mataduras como paso, iremos á la ciudad, y allí entrarás en amo... el peor rocín. Rompió aquí á llorar Isabel, como dicen lloraba A la hora del alba, tía Meca despega los ojos, vila Magdalena de desesperada; á cataratas volcadriados, mortecinos; y si clarean las rendijas del ban sus ojos el llanto salado en la pañoleta que le portón, sacude el pie sobre la cabeza de su sobrioprimía el pecho, y de lo más hondo subían aquena, que, con la boca abierta, duerme fatigosa. llos suspiros roncos de leona herida. Alzase diligente Isabel, y abre la puerta de par- -Vamos... ¡á dormir ya! ¡Hala... ¡Contra, la zaen par al nuevo día; se chapuza en la fuente. De galica... -y en recoger los trebejos para el labosus crenchas doradas chorrea el agua en hilos de reo déla velada, desparramados entre las piedras, cristal, y resbalando por las mejillas, de un sano la Meca y su sobrina desaparecieron en la casa. color rojo, corre á esconderse en el seno crecido Chirrió el portalón; apagáronse las voces de las y alto. muieres y el candil de la chimenea. BorboUeaba L, uego se asoma al barrancal, cuvas charcas