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Querido Alelitón Go 7i zdlez: D o R muchos sitios de recreo que conozcas y muy apropiados que los halles para veranear, no ten drás noticia de ninguno tan notable como el que yo disfruto en estos momentos. Encuéntrase mi finca en vino de los puntos suspensivos (llamo así á los que dejan suspenso el ánimo) m á s pintorescos de la Península. Linda al Norte con un mar de confusiones, así denominado porque sus peces no han llegado á entenderse todavia; al Sur con la Era cristiana, que es donde se trilla el trigo para hacer las hostias; al Este, con el camino de la virtud, que ha criado hierba por su poco tránsito; y al Oeste, con la tierra de promisión, que promete cosechas y no las da. ¿Por qué no vienes á visitarme en la época de las ilusiones? Montas en el coche de San Francisco, sigues la línea de conducta, dejando á un lado el campo del honor y á otro el valle de lágrimas, atraviesas la viña del Señor, tomas el sendero de la fe, y al llegar al punto final encontrarás mi casa, con su cercado ajeno lleno de fruta dulce y sabrosa y poblado de plantas de los pies y de árboles genealógicos. Rodéanla varios castillos en el aire, habitados por gentes ilusas, y tiene enfrente la Capilla de Eanuza, á cuya entrada se destaca la cruz del matrimonio. Precedido de grandes arcadas, por las que suelen pasar los que están mareados, encuéntrase el edificio, al cual se entra por la puerta otomana, abriéndola con la llave del destino. Asciéndese por la escala de la vida al piso principal, en cuyo piso tengo á t u disposición inuchos cuartos, y así como no me gusta dar un cuarto al pregonero, á ti sí te lo daría, incluso el comedor, en el que, por cierto, flota el espíritu de la golosina. Hay, finalmente, junto á la puerta una fuente de riqueza que echa agua de cerrajas y cerca de ella un pozo de ciencia, de donde siempre sacaron el líquido elemento los pocos sabios que en el mundo han sido. Todo ello está iluminado de día por el sol que más calienta, y de noche por la tea de la discordia, ó por la luna de miel, que es aquí la preferida de los tontos. ¡Qué excelentes vistas de Aduana tiene mi finca! Desde el mirador veo el rio revuelto con su ganancia de pescadores, y su puente de plata construido para los enemigos que huyen, y desde el cual se ve el torrente de las pasiones siempre sumando víctimas viciosas. Desde el gabinete conservador se dominan las Costas las de Eevante donde se crian tenores, y por la ventana de la sala de Villar del Arzobispo, cerca ya de los nuevos horizontes, observo á lo lejos, muy favorecidos por parejas misteriosas, los picos pardos, entre los cuales descuella el pináculo de la gloria, poblado de pinos, como es natural. Do que no hay por aquí son grandes bosques; en cambio no faltan ligeros bosquejos para solaz de los pintores. Conque anímate á venir. Y si vienes, procura no tomar el camino de la perdición, porque perdiéndote en él, no llegarías nunca. Abur. Tuyo afmo. JUAN PÉREZ ZÚÑIGA