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p t- V i El licenciado 1 A enfermedad ner viosa que padezco hace veinte años me h a hecho rodar por todas las antesalas y despachos de todos los neurópatas, f r e n ó p a t a s y demás charlatanes de diversas castas y de varios colores. Todos ellos han rivalizado con éxito en celo 3 acierto para s a c a r m e l o s cuartos. Sólo dos veces estuve á p u n t o de curarme, y tan feliz obra no pudo llevarse á cabo. Estoy decidido á morirme así, pero al menos, algo puedo contar, y lo contaré, aunque parezca extraes, teniendo muy seguro ó no creen en lo sobrena- -F F u é en Valladolid, paseando por la Acera de San Francisco. Había yo do á la vieja corte castellana. -q tr o eve nSTexclle tí s r ssSd x r 5 2 pup SHSfS ras h branCI; loT- ÍSbl ol to dSs Por qué no consulta sted al doctor Beltrán, que vn e l f; tTo d consultarle Charcot, Taun TS o; adÍTe rlSou re! S- SenS D 1. rre profesor Maudsley y el ilus- abK JíS- í e SlS Plir ÍX cuadro d ¿la Anunciación, de Fra Angélico de Fiesole, S f sadas sino de puros pétalos de bellos, no ya dorados, sino de oro puro; s mismas mejillas, no y üe pu p í: S k i t r t í í o S c o S S I l u b l e r a tenido y se las hu I T d o c r r Í u e n vi en seguida era un- U s o l e t a n o digno de haber sMo r e t- t a d o por D Biegc Velázquez; el rostro ovalado, la mejilla saliente, aballada la nar z eHabio d p cana, traída con cierto elegante descuido: ganchudos e n g o l a d o s bigotes i semblante pes. Llevaba un cuello grandísimo q p o j a na hubiera pod do p el hastío de todos los goces epicúreos. Miraba derecho y f f e el mu. o y se oy ¿lo tan bien nos regala los oídos, y que en 1 adolid es el leng C l s minutos de encararme con el mismo en la boca de un canónigo que en la de una l fj cualquiera, cuanto y más á doctor, noté en su rostro una señal ¿e f oncertan e, capaz de sugestK nar a cua y mí, que siempre estoy- sugestionado. He dicho que el Dr Bertrán tenia los lam muy rojos, como los d e los prmcipes Pi dos por VelaMuez p u e n e había un espacio casi redondo que aparecía casi blanco Í X i er muy enamorada suficiente para un beso muy apretado d 3 f d a d m a l d i s L u l a d a s pregunt a i í S í l m difdJqufsreÍeS sus enfermos, me E ti ¡SSamlíSa cosa que puede curarse, pero no la curamos los hombres. Entonces... -dije haciendo ademan fe retirarme r -i Tl Í o fTf me dejaron absorto: u j o+ r, o apareció en la puerta el muy quJda estas palabras, que