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G E n T E nErí JDA CC U NGAE OLGER A FI ÓAN Í LÍTICA. EL SAM DE POTÍO iTi: Sabéis vosotros quién es el tío Sam? Me parece que no lo sabéis; pero no debéis avergonzaros de ello, porque los políticos, los ministros, los diplomáticos y los g e n e r a l e s más sabios de España tampoco lo sabían hace seis años, y el aprenderlo nos costó una paliza enorme, una atrocidad de dinero y aparecer ante los ojos del mundo con unas orej a s como las que se ponían antes en las escuelas á los chicos desaplicados. Coged un mapa de América del Korte. Miradlo al revés que suele mirarse, es decir, colocando el Oeste donde soléis colocar el Norte y el Este hacia el Sur, y veréis la cara del tío Sam tal como sus mismos hijos suelen representarle. El tío Sam en inglés se llama XJiicle Sam, y abreviadamente se le conoce por sus iniciales U. S. AM. que es tanto como decir United States of América (Estados Unidos de América) Según veis en el dibujo, es un señor con una cara mu 5 r larga, con frente muy alta, con tupé muy grande, cuyo más alto mechón no es blanco, sino dorado, y se llama la c i u d a d del oro, ó sea San Francisco de California. En el mapa, el hombre está descubierto; pero sobre su cabeza se ve el Océano Pacífico, y el tío Sam está decidido á ponerse ese Océano por montera si le dejan los japoneses, que sí le dejarán. Seguid mirando á la cara, y veréis que el tío tiene unas narices pequeñitas, pero muy insolentes y procaces, que intentan meterse en la tierra de Méjico. El tío Sam reconoce que sus narices son demasiado pequeñas para la largura de su rostro, y si pudiera ya procuraría alargárselas hasta llegar al istmo de Telhuantepec, como podéis ver siguiendo la línea de puntos. Pero esas son muchas narices, y los mejicanos están muj- alerta para evitar que al tío le crezcan tanto. Obsei- varéis en seguida que el tío Sam no gasta bigote, pero sí perilla. La boca, rasgada, que casi le llega hasta la oreja, es el río más grande del mundo, es decir, el Mississipí, en cuyo fondo está enterrado un valiente español: el adelantado Hernando de Soto, que descubrió ese río. Figurándonos que el Mississipí es la boca del tío Sam, observaréis que en el labio inferior, allí donde ese río se junta con el golfo de Méjico, hay una gran ciudad, que es Nueva Orleans, y mucho más arriba, siguiendo por la boca adelante, otra ciudad hermosísima que se llama San Euis, donde, según habréis leído en los periódicos, se celebra ahora una Exposición universal de primer orden. Un poco más allá de San Euis, veréis en la cara del tío un lunar enorme que se llama Chicago, y es un inmenso matadero de marranos, dicho sea sin perdón; porque habéis de saber que vale más ser rico y fuerte matando marranos que ser un holgazán y un pelagatos incapaz de matar ni pulgas. Pero sigamos recorriendo la cara del tío Sam. Esa perillita tan rara con que le representan siempre, ya veis que es una península llamada la Florida. También fué un valiente español llamado Ponce de León quien la descubrió. Hace menos de un siglo que otros mal llamados españoles vendieron por cuatro cuartos aquel hermoso territorio que hoy es la perilla del tío Sam, perilla cuyos pelos son hermosas plantaciones de tabaco y ricos cañares de azúcar. Bajo la perilla, el tío Sam, que antes era muy flaco, pero que va engordando por momentos, tiene su buena papada ó sotabarba, que está remojándose en el Océano Atlántico. Con la punta de la perilla casi casi toca en la Isla de Cuba; algún tiempo la ha tenido sujeta, y tarde ó temprano volverá á enredársela como un peinecillo entre la barba. Al final de la papada está el tragadero, y el tragadero del tío Sam, para lo político, es Washington, y para lo comercial es Nueva York. Pero como el tío Sam es muy inteligente y muy moderno, tiene otro tragadero para la ciencia, para el progreso, para las ideas que por el Atlántico vienen, y ese tragadero es Boston, la ciudad universitaria. Ahora ya sabéis un poquitín para contestar á la pregunta: ¿Quién es el tío Sam? jg- í va