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UENTECITOS INOCENTES. Ahora que estamos en tiempo de recolección, voy á conL A A N T I G U A M O R A L E I A tares un cuento que me enseñaron cuando niño y cuya T i F 1 A 1 F t i P l P A Q conclusión, he modificado, porque ya soy grandecito y he uc l A. o EOl- JVaAO comprendido que e l tal cuento era u n a tontería. Decía así: Un aldeano fué un día á ver sus sembrados para enterarse d e si el grano estaría á punto dé segar pronto. Ivé acompañaba su hijo, un niño muy avispado que se llamaba Toby. (Ya con esto habréis comprendido que el niño era inglés, porque ninguno de vosotros se llama Tobías; estoy seguro. El hiño, como todos vosotros, tenía mucha imaginación y poca experiencia, por lo cual dijo á su padre, cuándo llegaron á la siembra que querían ver: -Mira, papá, qué espigas tan hermosas aquéllas que tienen la cabeza alta, como si mirasen al cielo. En cambio, qué feas son esas otras que bajan la cabeza hacia el suelo como si estuviesen jorobaditas. No cabe dudar que estas últimas espigas no valen nada y que las otras son las mejores. El padre calló, y sonriendo de un modo que á mí me parece muy pedantesco, se acercó al sembrado, cortó una espiga de las que se tenían derechas y otra de las que sé encorvaban, y. le dijoal niño: -Mira, hijo mío, cómo te has equivocado, porque no es bueno juzgar por las, apariencias. Sucede lo contrario de lo que creías. Esas espigas de. la cabeza alta están así porque no tienen grano, y éstas otras que bajan la cabeza, lo hacen porque tienen muchos granos y niuy gordos. Esto te enseñará que la. vanidad y el aparato valen siempre rnucho menos que la. humildad y la modestia. Aquí se acaba el cuento que me enseñaron cuando chico; pero después crecí, aprendí á conocer los hombres y las espigas, y puedo deciros en secretoque elpadre. del cuento era un señor bastante poco sagaz. Porque- yo. he visto espigas cargadas de grano y que, sin, embargo, se sostenían muy. erguidas y gallardas, mientras otras, con sólo fres ó cuatro granitos doblaban la cabeza; porque, las primeras tenían una caña fuerte y recia, y las segundas una paja miserable y de poca fibra. De ahí deduzco yo q u e n i á los hombres ni á las espigas los ha. criado Dios para que estén con la cabeza baja, mirando al suelo, cosa que más bien parece hipocresía que modestia, sino, para que. procurando portarse bien y apoyarse sólidamente en sus buenas acciones, cómo se apoya la espiga robusta en la caña, alcen siempre la cabeza al cielo, sin orgullo, pero sin servilismo; E s decir, que cada. cual sepa lo que vale y no se tenga en más ni en menos. DIBUJO DE ALBERTI G