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CUENTO SOSO PERO NUEVO 1 A posada del Cocodrilo era. una de las más asquerosas de la provincia de Toledo. Hallábase á la salida de Valdezanca, jo; sus cuadras eran pequeñas, pero sin ventilación; sus alojamientos eran tan matós, que se pasaban la existencia envidiando á las cuadras, y de tal modo abundaban en el local los insectos chupadores, que todo viajero que allí pasaba una noche, amanecía con anemia. El Cocodrilo, dueño d é l a posada, era un viejo dos veces viudo y otra vez dispuesto á casarse, persuadido dé que á Ibs posaderos no les conviene vivir sin posaderas; y á pesar de los encantos de su establecimiento, siempre 16 veía lleno de viajeros, gracias al punto de considerable tránsito ocupado por aquel parador, en dondé no se podía parar. Era la noche de un día de cierto mes de no recuerdo qué año. La posada del Cocodrilo- hallábase repleta de transeúntes de todas cataduras, desde el recaudador de contribuciones hasta elSéfendedor de tomates, desde el murguista que va á tocar los motetes al pueblo vecino, hasta la criada üe viene de tocar los resultados del servicio doméstico. A falta de reloj de campana, sonaron las nueve en la garganta del burro del Cocodrilo, que solía rebuznar puntualmente a dicha hora, cuando paró á la puerta de la posada un lujoso carruaje, del cual descendió una eieganteOiama que, después de llamar al Cocodrilo y celebrar con él una interview misteriosa, subió á posesionarse del único aposento decente del mesón, ó por lo menos del cuarto que tenía muebles más servibles insectos menos crueles. Como aún no se habían acostado los alojados, unos por falta de sueño y otros por falta de catre, todos vieron llegar á la misteriosa dama y en ella pararon mientes, cosa nada extraña puesto que se hallaban en un paradora Pronto se extendieron los cuchicheos, las conjeturas y los comentarios por todos los ámbitos del edificio. Ea misteriosa viajera, cuya hermosura había herido como un rayo al recaudador y al murguista, se encerró en su habitación y con nadie habló más que con el Cocodrilo, á quien rogó que pasara la noche cerca del alojamiento, en evitación de un susto. Transcurrió la noche, durante la cual coincidieron indudablemente en pensamiento muchos de los alojados que habían visto á la dama, y apenas amaneció y comenzó en la posada el. movimiento, arrieros, chalanes, murguistas, recaudadores, mozos y coro de ambos sexos, dirigiéronse al Cocodrilo y le preguntaron: ¿Quién és esa señora? ¿De dónde viene? ¿A dónde va? Nada sabía ó nada quiso decirles el posadero, concretándose á darles esta noticia: -Amigos míos, sólo puedo deciros que desde que esta señorona se nos ha colao aquí, no ha hecho más que dormir mucho y soñar alto. ¿Sueña alto? -preguntaron todos los alojados. -Mu alto, -respondió el Cocodrilo. No insistió la curiosa concurrencia en sus investigaciones; pero el que más y. el que menos, dijo para sí: -Conque sueña alto, ¿eh? Pues lo que es esta noche no me quedo sin oiría. Y por el hilo del sueño algo se podrá sacar del ovillo de su vida y milagros. Durante el día nadie vio andar por la posada á la viajera misteriosa, entre otras razones porque no salió de su aposento ni un instante, y una vez llegada la noche y enterado todo el mundo de que el posadero había sido ya relevado por la dama del cargo de vigilante, fueron sigilosamente llegando á la puerta del cuarto de aquélla, chalanes, arrieros, murguistas, mozos y coro de ambos sexos. Unos á otros se imponían silencio y turnaban en aplicar el oído á la cerradura del aposento; ansiosos de oir soñar alto á la dama misteriosa. Mas transcurrían muchos minutos y aun horas enteras y las esperadas frases no surgían de los labios de la durmiente. Lejos de esto, era tan profundo el silencio en la estancia, que si lo comparásemos con el silencio de la tumba, éste nos parecería una cencerrada. En toda la noche se turbó el silenció aquel, y. así que fué de día, viendo defraudadas sus esperanzas los curiosos alojados, dirigiéronse al posadero soñolientos y malhumorados y le. dijeron. así: ¡Tío Cocodrilo, bien nos ha engañado usted! ¿Puesqúé? N a d a que en toda la. iioche hemos oído. áesa: mujer. ¡Toma! Como que no resuella. ¿Pues por qué dice usted qué sueña alto? ¡Miá qvié salero! Porque la cama en donde sueña tié dos varas de altura! DIBUJO DE X. L DARO JUAN PÉREZ ZUÑIGA