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EíXv C O P i C K l Slestrczado el arzón, roías as bridas, al aire dando las revueltas orines, los oréeles briosos que a la guerra mareharon, vuelven ya. Mueslrsn en su pupila dilatada de la guerra inclemente los horrores... sobre sus lomos, que flagela el aire, ningún jinete va. Vieron morir aomo héroes á sus dueños, que vertieron su sangre en eien combates y aon la fe de ardientes paladines lucharon por su Sley... y vieron que en los campos de batalla, que sangres generosas fecundaron, imperaba por leyes de la guerra del vencedor la ley. (Corrieron por los campos, y al castillo en busca de consuelo á su fatiga, para labrar el campo abandonado, vuelven, por dicha, ya. S el easfillo de piedra silencioso el corcel entre iodos favorito, mensajero de amores, aon sus cascos en los portones da. Jll oir el estrépito una dama de noble faz, donde el dolor anida, del castillo de piedra sale ansiosa con tembloroso pie; buscan sus ojos bellos al amante que a la guerra marchóse ébno de gloria para ganar más lauros á su nombre, ...y sólo el corcel ve. B A J O R R E L I E V E DE COÜLL. AUT V A L E R A D aUEHE- JL Sordo rugido de dolor inmenso que estremeció los valles y montañas, rompió el silencio, algún alivio dando al noble corazón. Sus manos, que de mármol parecían, con afán indecible recogieron del corcel favorito un pliego breve sujeto en el arzón. Con los ojos nublados por el llanto el mensaje de amor, con sangre escrito, leyó la dama, por la pena loca... y del breve papel el perfume aspiró de sus amores, y un alma recogió, porque su amante su último beso en el mensaje puso ¡if envolvió el alma en él! Jlcaso de la vida del caudillo el hilo se rompió cuando pensaba en los dias felices... ¡más felices porque pasaron yai ejos de todos remontó su vuelo el alma generosa á las regiones del Creador; igual que siempre, el río hacia los mares va... a noche con sus sombras se extendía; brillaron en el cielo las estrellas; la luna aon sus rayos melanoólioos los campos alumbró... Ocultóse el castillo entre las sombras; y el que de amor fué triste mensajero, rendido de fatiga, á los pies mismos de la dama murió. LUIS B R U N B A L A D A